Un poema se hace sólo y solo,
Cuando rememora compañías,
Alegrías o decepciones o embargos
Al latir de nuestro corazón.
Se conocen Señores y Señoras,
Se auscultan caracteres
Que te subliman como la sonrisa
De un niño ante un guiño
De su mente superpoderosa.
Conocer, conocer, cuánta alevosía
En la belleza de unos seres.
Cómo se puede ser tan perfect@,
Cómo rozar con tus puercos dedos
Tanta sabiduría y tanto bienestar.
Sé que ahora estoy solo y devaneo
Pero es por el poder de vuestros hábitos.
Quiero contarme muchas veces
El color y calor de vuestras melodías
Pero vuestras melodías son siempre
Más dichosas, más interesantes y vivas.
Quisiera vivir de largo acompañado,
Quisiera vivir siempre solo y sólo
Lo hago tiempo tras tiempo.
Os echo de menos antes de comenzar
A escribir estos semiversos
Hundidos en una caricia que se me va.
Tengo palabras siempre en compañía,
Tengo palabras siempre en soledad,
Pero lo mejor que tengo que contar
Se debe siempre a vuestra armonía.
domingo, 22 de septiembre de 2013
sábado, 21 de septiembre de 2013
¿Contradicciones?
Todos los fantasmas de mi vida afloran con tu presencia. Todo me lleva a verte igual que yo y a no encontrar mentiras sino engaños. Todo afloró con lentitud.
Fui eremita, mudo, animal, loco, niño y desprestigiado. El prestigio me importa una mierda más allá de los quince centímetros de tu compañía. Nunca perseguí que me vieran grande ni mayúsculo, ni mínimo, sólo caudal. Sólo me importa quien tengo cerca. ¿Qué le vamos a hacer?. No somos ubicuos ni buscamos la fama tampoco. La notoriedad ya somos nosotros. Y la fama no sirve de nada. De poco en el terreno espiritual.
En el terreno espiritual no hay fronteras mas las que te pongas tú.
Transmitir es como hablar por la radio pero hace falta una carrera mucho más amplia. Tantas risas funerales soportan los dignos a la sociedad, los prestigiados. Tantas risas fatales, definitorias, vivas, tanta porción de universo hay en ti y tan pocas en la adulación o la admiración o la empatía coartada de creer en uno.
Creo que hasta el Divino se ha cansado de que sólo crean en Él.
Muchas dioptrías. Toda oportunidad tiene la oportunidad de ser cosmos. Por qué vadeamos nuestros ríos con la ayuda de pocos cuando somos muchos, todos, los válidos. Por qué no quedarte con lo que está cerca y siempre andar buscando nuevos mundos, nuevas tierras, conquistas.
Con la miopía absoluta de no darse cuenta que sólo se conquista uno a sí mismo.
Y no ver el infinito que se abre en cada mendigo, en la librera o en el cajero del supermercado. Suelen tener más infinito los que no lo saben. Son mucho más auténticos porque ellos no tienen nada que creerse (o poco) y no temen equivocarse. Porque los egos regalados sólo son putos egos y no ayudan a nadie. Se miran a sí mismos sólo y viven de los regalos al oído que les hicieron.
No bastan tus cantidades, ni siquiera tus cualidades. Es el de enfrente él que te da realidad. Cómo te comportes tú con él/ella delimitará tu signo. Puedes llegar a muchos, pero no darte cuenta de quien tienes cerca, y estar en una confusión perenne de lo que vales, los que eres y lo que sientes. La humildad de un perro nos hace falta… No pierdan el tiempo en agradar a nadie. A quien agradas por principio ya te está enseñando a ser menos tú.
La obsoleta pero contundente Generación de Shopenhauer. Consulten.
Fui eremita, mudo, animal, loco, niño y desprestigiado. El prestigio me importa una mierda más allá de los quince centímetros de tu compañía. Nunca perseguí que me vieran grande ni mayúsculo, ni mínimo, sólo caudal. Sólo me importa quien tengo cerca. ¿Qué le vamos a hacer?. No somos ubicuos ni buscamos la fama tampoco. La notoriedad ya somos nosotros. Y la fama no sirve de nada. De poco en el terreno espiritual.
En el terreno espiritual no hay fronteras mas las que te pongas tú.
Transmitir es como hablar por la radio pero hace falta una carrera mucho más amplia. Tantas risas funerales soportan los dignos a la sociedad, los prestigiados. Tantas risas fatales, definitorias, vivas, tanta porción de universo hay en ti y tan pocas en la adulación o la admiración o la empatía coartada de creer en uno.
Creo que hasta el Divino se ha cansado de que sólo crean en Él.
Muchas dioptrías. Toda oportunidad tiene la oportunidad de ser cosmos. Por qué vadeamos nuestros ríos con la ayuda de pocos cuando somos muchos, todos, los válidos. Por qué no quedarte con lo que está cerca y siempre andar buscando nuevos mundos, nuevas tierras, conquistas.
Con la miopía absoluta de no darse cuenta que sólo se conquista uno a sí mismo.
Y no ver el infinito que se abre en cada mendigo, en la librera o en el cajero del supermercado. Suelen tener más infinito los que no lo saben. Son mucho más auténticos porque ellos no tienen nada que creerse (o poco) y no temen equivocarse. Porque los egos regalados sólo son putos egos y no ayudan a nadie. Se miran a sí mismos sólo y viven de los regalos al oído que les hicieron.
No bastan tus cantidades, ni siquiera tus cualidades. Es el de enfrente él que te da realidad. Cómo te comportes tú con él/ella delimitará tu signo. Puedes llegar a muchos, pero no darte cuenta de quien tienes cerca, y estar en una confusión perenne de lo que vales, los que eres y lo que sientes. La humildad de un perro nos hace falta… No pierdan el tiempo en agradar a nadie. A quien agradas por principio ya te está enseñando a ser menos tú.
La obsoleta pero contundente Generación de Shopenhauer. Consulten.
Acompañando a mi ángel
Llegó el día de los sueños rotos y las carencias sobrellevadas. Llegó el cuarto de hora de un tiempo en el que soslayar la incertidumbre y hacer notar la pobreza solemne de un notario venido a menos. Dar fe es cosa de dos. Creer en algo, una cosa tan posible como vivir este ingenio de cosas ambulantes.
Palabras y más palabras. Las palabras ni se las lleva el viento ni valen menos de un millón de imágenes. Miles por cada uno que las piensa y las siente. Muchas palabras tienen el cariño de un beso en la mejilla o la misma incoherencia de un beso entre enamorados, y otras, como las de hoy, un golpe en la piel más sutil del intelecto.
Todo me vale con tal de tenerte delante. Sentirte me lleva tan lejos como el infinito. Verte y escucharte me deleita hasta el no juicio. Me espero de hecho incluso cuando me cuentean alguna tontería. Si no es una tontería estoy despierto y hasta alerta. Es sintomático de mi cerebro gaditano y medio loco.
La pregunta que hoy me hago es: si disfruto tanto de vuestra compañía por qué está intolerante continencia en la soledad de mi casa y mi ámbito. ¿Por qué me escondo o por qué me reservo? -no sé por cual optar.
La verdad que, esconder, no tengo nada más que mis cientos de cariños inconfesados, que expreso a través de la educación o de mi loca percepción del conjunto. Todo el mundo, o casi todo, es venerable. Lo que pasa es que unos son más sosos que otros. Lo que ocurre es que existen jerarquías. Jerarquías del tiempo, de nuestras necesidades, deseos y hasta de quienes somos.
Si no practicara la soledad también me pregunto si os querría tanto o me cansaría de vuestras particularidades. Me canso de algunas particularidades, cuando me joden, -no antes. Y anoto con meticulosidad todo esto para olvidarlo al cuarto de hora.
¿Es el corazón sólo presente? El corazón es como un café. Da un subidón para luego irse alejando con la ayuda de su primo el cerebro. Irse diluyendo como un buen vodka en un buen zumo de naranja.
¿Tengo memoria de pez? ¿Tengo escamas de pez? ¿Tengo apetito voraz? Lo que tengo es un cuarto de hora, como decía Warhol. Un cuarto de hora de gloria, que pasa cada cuarto de hora, y que me demuestra lo rico y lo pobre que soy cada cuarto de hora. Hoy ¿pobre o rico?. Ustedes dirán y conjeturen lo que son ustedes también.
Palabras y más palabras. Las palabras ni se las lleva el viento ni valen menos de un millón de imágenes. Miles por cada uno que las piensa y las siente. Muchas palabras tienen el cariño de un beso en la mejilla o la misma incoherencia de un beso entre enamorados, y otras, como las de hoy, un golpe en la piel más sutil del intelecto.
Todo me vale con tal de tenerte delante. Sentirte me lleva tan lejos como el infinito. Verte y escucharte me deleita hasta el no juicio. Me espero de hecho incluso cuando me cuentean alguna tontería. Si no es una tontería estoy despierto y hasta alerta. Es sintomático de mi cerebro gaditano y medio loco.
La pregunta que hoy me hago es: si disfruto tanto de vuestra compañía por qué está intolerante continencia en la soledad de mi casa y mi ámbito. ¿Por qué me escondo o por qué me reservo? -no sé por cual optar.
La verdad que, esconder, no tengo nada más que mis cientos de cariños inconfesados, que expreso a través de la educación o de mi loca percepción del conjunto. Todo el mundo, o casi todo, es venerable. Lo que pasa es que unos son más sosos que otros. Lo que ocurre es que existen jerarquías. Jerarquías del tiempo, de nuestras necesidades, deseos y hasta de quienes somos.
Si no practicara la soledad también me pregunto si os querría tanto o me cansaría de vuestras particularidades. Me canso de algunas particularidades, cuando me joden, -no antes. Y anoto con meticulosidad todo esto para olvidarlo al cuarto de hora.
¿Es el corazón sólo presente? El corazón es como un café. Da un subidón para luego irse alejando con la ayuda de su primo el cerebro. Irse diluyendo como un buen vodka en un buen zumo de naranja.
¿Tengo memoria de pez? ¿Tengo escamas de pez? ¿Tengo apetito voraz? Lo que tengo es un cuarto de hora, como decía Warhol. Un cuarto de hora de gloria, que pasa cada cuarto de hora, y que me demuestra lo rico y lo pobre que soy cada cuarto de hora. Hoy ¿pobre o rico?. Ustedes dirán y conjeturen lo que son ustedes también.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Gato negro
Las verdades son procesos. Se van cuajando poco a poco. Llevan tiempo y se meditan ellas mismas. La verdad parece a veces que es sólo una continuidad temporal no caprichosa. Un suceso que tiende a perdurar en la generación, las edades, las mentalidades. El corazón es poderoso como un submarino, más ágil que un gato y más tonto que un perro.
A veces sucede que la verdad es un fenómeno científico. A ésta también me apunto. A veces son sentimientos los que dictan las palabras o hechos de un corazón estropeado, y ahí no hay verdad.
Hay que saber distinguir muy bien lo que el apetito quitó a la razón. Hay que saber muy bien que razón tienen nuestros apetitos en este juego. Esto es cosa de pocos sujetos, ni falta que hace.
Los caracteres son divinos maná del cielo por su pura razón desmedida sin conocimiento. El empuje y potencia tienen mucho que decir en estas esferas. La fuerza que llamaban los griegos antiguos. La fuerza hoy sigue existiendo aún en esta sociedad chocolateada. Endulzada con conocimientos superiores, como el alimento de los dioses, pero sin cagar como ellos.
Concentración obtusa, persona a persona seguimos teniendo sentido. Toda torpeza es un peldaño al cielo. A mi cielo. A tu cielo.
¿Volamos y cambiamos las atmósferas a nuestro antojo?
Di la verdad aunque te lleve a la muerte, di tu verdad. Si es tu verdad será como aquello que dijo el sabio: “Yo digo la verdad hasta cuando miento”.
Hoy estaba pensando como siempre en todos los fenómenos espirituales del ser humano. Muchos mensajes han llegado, de los annunakis, los dioses o los grandes seres, como queráis….llegaba a la conclusión que la única creencia que te enseña a ser divino desde cero es el budismo, y no está del todo formulada….hay que saber muy bien ver dónde toca.
Te toco, me tocas, nos tocamos. Sólo somos uno, un uno todo, no seáis orgullosos hasta que no llegue el momento de hacerlo sin consciencia, no seas ambicioso hasta que no te veas a ti mismo, tu único camino. No seas torpe, nos estamos ayudando.
A veces sucede que la verdad es un fenómeno científico. A ésta también me apunto. A veces son sentimientos los que dictan las palabras o hechos de un corazón estropeado, y ahí no hay verdad.
Hay que saber distinguir muy bien lo que el apetito quitó a la razón. Hay que saber muy bien que razón tienen nuestros apetitos en este juego. Esto es cosa de pocos sujetos, ni falta que hace.
Los caracteres son divinos maná del cielo por su pura razón desmedida sin conocimiento. El empuje y potencia tienen mucho que decir en estas esferas. La fuerza que llamaban los griegos antiguos. La fuerza hoy sigue existiendo aún en esta sociedad chocolateada. Endulzada con conocimientos superiores, como el alimento de los dioses, pero sin cagar como ellos.
Concentración obtusa, persona a persona seguimos teniendo sentido. Toda torpeza es un peldaño al cielo. A mi cielo. A tu cielo.
¿Volamos y cambiamos las atmósferas a nuestro antojo?
Di la verdad aunque te lleve a la muerte, di tu verdad. Si es tu verdad será como aquello que dijo el sabio: “Yo digo la verdad hasta cuando miento”.
Hoy estaba pensando como siempre en todos los fenómenos espirituales del ser humano. Muchos mensajes han llegado, de los annunakis, los dioses o los grandes seres, como queráis….llegaba a la conclusión que la única creencia que te enseña a ser divino desde cero es el budismo, y no está del todo formulada….hay que saber muy bien ver dónde toca.
Te toco, me tocas, nos tocamos. Sólo somos uno, un uno todo, no seáis orgullosos hasta que no llegue el momento de hacerlo sin consciencia, no seas ambicioso hasta que no te veas a ti mismo, tu único camino. No seas torpe, nos estamos ayudando.
domingo, 28 de julio de 2013
Uróboros
Cominos al viento como todos los días. De suma importancia me engaño con mi larga pipa roja de humo denso. Con mis ventanas azules cielo y mar. Y los lunares perdidos de tu espalda. Los sueños se fueron detrás de una imagen ficticia, de un efecto, de una falta de defectos.
Y nace el poeta encadenado al ambiente de mi casa. Hilando, hilvanando, como la araña que crío todos los veranos. Pero mi mente está fija en un desconsuelo, en una resurrección, una falacia más al mundo de las dimensiones virtuales.
Vivimos la verdad más grande dentro del mundo de las pequeñas mentiras. Todos publicamos al instante una figura infusa de nosotros. Todo queda para luego, y lo fue todo hasta llegar al punto de decir “ahora”. Somos pequeños y salvajes y la vez más torpes que nuestros propios habitantes.
Bruto siempre supo dar puñaladas a un saco de gusanos como nosotros a un pozo seco. Siempre una puñalada. Al ciprés y a la pimienta, al candado y a sus reservas de agua. A todo tipo de arañazos en el escorzo de un cuerpo y una palabra.
Quiero callarme cuando hablo a una imagen casuística. A quién le hablo. A quién le hablas. Qué muerdo. Conciencias, caricias y colas que me dan en la cara como si fueran grandes penes. Penes benditos que dan la vida a la vez que la quitan. Los penes de todas mis vidas. !Tanta Vía Láctea¡. Mucho semen del dulce y del amargo que te enseña a ser un chiflado dirigente.
De forma exacta éso: un chiflado dirigente... "Dirigir una chifladura" siempre fue uno de mis deseos desde que conocí a Fellini.
Y nace el poeta encadenado al ambiente de mi casa. Hilando, hilvanando, como la araña que crío todos los veranos. Pero mi mente está fija en un desconsuelo, en una resurrección, una falacia más al mundo de las dimensiones virtuales.
Vivimos la verdad más grande dentro del mundo de las pequeñas mentiras. Todos publicamos al instante una figura infusa de nosotros. Todo queda para luego, y lo fue todo hasta llegar al punto de decir “ahora”. Somos pequeños y salvajes y la vez más torpes que nuestros propios habitantes.
Bruto siempre supo dar puñaladas a un saco de gusanos como nosotros a un pozo seco. Siempre una puñalada. Al ciprés y a la pimienta, al candado y a sus reservas de agua. A todo tipo de arañazos en el escorzo de un cuerpo y una palabra.
Quiero callarme cuando hablo a una imagen casuística. A quién le hablo. A quién le hablas. Qué muerdo. Conciencias, caricias y colas que me dan en la cara como si fueran grandes penes. Penes benditos que dan la vida a la vez que la quitan. Los penes de todas mis vidas. !Tanta Vía Láctea¡. Mucho semen del dulce y del amargo que te enseña a ser un chiflado dirigente.
De forma exacta éso: un chiflado dirigente... "Dirigir una chifladura" siempre fue uno de mis deseos desde que conocí a Fellini.
sábado, 20 de julio de 2013
El volador y las fronteras
Como una trucha en aguas frescas y limpias. Salpicado por las motas negras de las ondas del viento en mi piel de aguas. Llega el verano y abundan los mosquitos, las moscas, abejas y hasta libélulas y alguna chicharra descarriada.
Voy moviendo mi cola de cuerdas por la corriente no lunar de este río de aguas vivas que es esta tierra “surcada”. ¿Cuándo aprenderemos a vivir?. La mosca, el sedal, el cesto. A veces pensamos….no, pensamos cuando nos cazan. Somos vertebrados de aguas calientes o frías.
Parece que la multitud del río piensa cuando se detiene la corriente. Somos seres de poca memoria. Tanto reírnos de tal o cual defecto del prójimo sin ver nunca que ocurre con nuestras aletas. Ni siquiera las piernas sirven para caminar sin saber observar y ser trucha lista.
De la que distingue la mosca por bien que haya sido tejida por el pescador.
Una mosca, demasiados hilos y sólo suena una música. Me gustaría que mis congéneres no fueran peces, ni moscas ni chicharras. Pero es tan fuerte la corriente como lo fue siempre. Y los misterios de la superficie indescifrables para un pobre carángido, un salmónido o una simple doncella.
Ven al hemisferio derecho del cerebro, toca la cualidad Delta en armas de tomar, -que se te agarrarán para echarte abajo-.
Hoy tampoco pesqué ninguna mosca. Sólo sé cantar a la superficie cuando aparece un pez volador. Y salir al mar, hace divertidos movimientos que me marean.
Estoy estudiando y tengo intención de solucionarlo. Me tiraré a las olas a ver que me enseñan, prefiero la asfixia por sal a la asfixia por aire. Y el volador parece una presa importante.
Voy moviendo mi cola de cuerdas por la corriente no lunar de este río de aguas vivas que es esta tierra “surcada”. ¿Cuándo aprenderemos a vivir?. La mosca, el sedal, el cesto. A veces pensamos….no, pensamos cuando nos cazan. Somos vertebrados de aguas calientes o frías.
Parece que la multitud del río piensa cuando se detiene la corriente. Somos seres de poca memoria. Tanto reírnos de tal o cual defecto del prójimo sin ver nunca que ocurre con nuestras aletas. Ni siquiera las piernas sirven para caminar sin saber observar y ser trucha lista.
De la que distingue la mosca por bien que haya sido tejida por el pescador.
Una mosca, demasiados hilos y sólo suena una música. Me gustaría que mis congéneres no fueran peces, ni moscas ni chicharras. Pero es tan fuerte la corriente como lo fue siempre. Y los misterios de la superficie indescifrables para un pobre carángido, un salmónido o una simple doncella.
Ven al hemisferio derecho del cerebro, toca la cualidad Delta en armas de tomar, -que se te agarrarán para echarte abajo-.
Hoy tampoco pesqué ninguna mosca. Sólo sé cantar a la superficie cuando aparece un pez volador. Y salir al mar, hace divertidos movimientos que me marean.
Estoy estudiando y tengo intención de solucionarlo. Me tiraré a las olas a ver que me enseñan, prefiero la asfixia por sal a la asfixia por aire. Y el volador parece una presa importante.
Hay que ser feliz.
Un día me encontré en un callejón ruinoso, oscuro e incómodo. Había allí un restaurante pequeñito. Ahora no recuerdo si esto me pasó en Roma o aquí en mi Tierra. Se pasaba por una cocina bastante limpia a un patio posterior donde unos palets en las paredes hacían de asiento a unos tiestos. Unas bombillas dislocadas abrían un tragaluz elegante en aquel patio de adoquines -no recuerdo si de piedra o de mampostería.
Un camarera canijita y pequeña, sin acento a pesar de parecer extranjera, servía las 7 o 9 mesas. Un señor largo y concentrado daba vueltas recogiendo los platos aunque se intuyera de pleno que era el propietario. Una señora ancha y poco discreta estaba a los fogones dando voces, y una venezolana que hacía de pinche iba fregando.
Es evidente que no tenía mucha lotería ganadora.
Llegué confuso, un poco perdido por la ciudad. Con ganas de comer, comido de sustancias estupefacientes. “Un vino, Cati, un blanco cualquiera” Mi italiano es regular también y con los paisanos tampoco me hayo. Ya dicen, no hay profeta en su tierra. Menos en su familia, digo yo.
Los profetas son cosa curiosa. No tiene ninguna gracia saber el futuro aún cuando sea para bien. ¿Quién podría decir?. La comida nunca me ha hecho feliz. Ni por muy sibarita que sea. Hay cosas mucho mejores. Siempre recuerdo al Beato, -ya Santo-, Alonso de Orozco que comía dos nueces al día y dormía sobre sarmientos en su etapa de purificación.
Purificación, profetas, manías, comidas y chicas “conocidas”. Nada tiene mucho sentido. Todo es de un absoluto sentido. Pero el devenir corto, el lujo del instante te lleva a estas cosas.
A veces se puede predecir, otras ingeniar, otras calcular, otras verlas venir, pero lo más importante de todo no hace falta que lo diga. Que cada uno encuentre la felicidad con los suyos. Y él que no tiene es porque no lo merece. Y el que miente para tenerlo se quedará sin nada.
Al final se acabó la sangre en tomate.
Un camarera canijita y pequeña, sin acento a pesar de parecer extranjera, servía las 7 o 9 mesas. Un señor largo y concentrado daba vueltas recogiendo los platos aunque se intuyera de pleno que era el propietario. Una señora ancha y poco discreta estaba a los fogones dando voces, y una venezolana que hacía de pinche iba fregando.
Es evidente que no tenía mucha lotería ganadora.
Llegué confuso, un poco perdido por la ciudad. Con ganas de comer, comido de sustancias estupefacientes. “Un vino, Cati, un blanco cualquiera” Mi italiano es regular también y con los paisanos tampoco me hayo. Ya dicen, no hay profeta en su tierra. Menos en su familia, digo yo.
Los profetas son cosa curiosa. No tiene ninguna gracia saber el futuro aún cuando sea para bien. ¿Quién podría decir?. La comida nunca me ha hecho feliz. Ni por muy sibarita que sea. Hay cosas mucho mejores. Siempre recuerdo al Beato, -ya Santo-, Alonso de Orozco que comía dos nueces al día y dormía sobre sarmientos en su etapa de purificación.
Purificación, profetas, manías, comidas y chicas “conocidas”. Nada tiene mucho sentido. Todo es de un absoluto sentido. Pero el devenir corto, el lujo del instante te lleva a estas cosas.
A veces se puede predecir, otras ingeniar, otras calcular, otras verlas venir, pero lo más importante de todo no hace falta que lo diga. Que cada uno encuentre la felicidad con los suyos. Y él que no tiene es porque no lo merece. Y el que miente para tenerlo se quedará sin nada.
Al final se acabó la sangre en tomate.
viernes, 12 de julio de 2013
Misiva presta y encandilada a Don Paco de Lucía, Gran Paisano
Rumba de Estrecho, astilla de barca, sangre de marea de levante espumoso como el vino. Humedad y vendaval en los dedos, como canutos verdes de la Sierra andados por cochinillas de colores.
Grandes aplausos corean al Maestro tarantulero de la vida misma de mi soñada raigambre. Coros de voces que adulan al siniestro, al comillas de Aranjuez, al que no vive aquí. Sino en Mallorca o Maiami.
Me da igual. Pero por qué no me parece ya tan monstruo, por qué no entiendo no vivir en un impás de lodo y cenizas, de vientos, de verde inmaculado entre los terrenos de acero, de puro miedo de cangrena de no poder salir del boquete.
De reír. De encabritarse. De hacer bulerías. Canta niño. Canta. Y dile a sus niñas que vuelvan a tomarse una copa en el bar, a reír con los paisanos, a practicar vicio, a soliviantar una madera delante de cuatro niños.
Paco, Paquito, Paco, Un saludo al más Insigne Hijo de la desdichada tierra de este poeta.
Que ahora mismo, como Tú aprobarías, está de juerga con tu música y le espera una morena de Torres y bellas sustancias de colores. Por eso me quedo con tu ARTE infinito pero aplaco mis intenciones, y acabo, que todo es acabar.
Tira pa cá y llámanos, en los Orígenes siempre está la verdad (aunque no te lo parezca)¡¡¡¡¡¡¡¡
Grandes aplausos corean al Maestro tarantulero de la vida misma de mi soñada raigambre. Coros de voces que adulan al siniestro, al comillas de Aranjuez, al que no vive aquí. Sino en Mallorca o Maiami.
Me da igual. Pero por qué no me parece ya tan monstruo, por qué no entiendo no vivir en un impás de lodo y cenizas, de vientos, de verde inmaculado entre los terrenos de acero, de puro miedo de cangrena de no poder salir del boquete.
De reír. De encabritarse. De hacer bulerías. Canta niño. Canta. Y dile a sus niñas que vuelvan a tomarse una copa en el bar, a reír con los paisanos, a practicar vicio, a soliviantar una madera delante de cuatro niños.
Paco, Paquito, Paco, Un saludo al más Insigne Hijo de la desdichada tierra de este poeta.
Que ahora mismo, como Tú aprobarías, está de juerga con tu música y le espera una morena de Torres y bellas sustancias de colores. Por eso me quedo con tu ARTE infinito pero aplaco mis intenciones, y acabo, que todo es acabar.
Tira pa cá y llámanos, en los Orígenes siempre está la verdad (aunque no te lo parezca)¡¡¡¡¡¡¡¡
lunes, 24 de junio de 2013
Finales.
Un gran violín sucumbe derrotado por unos brazos de cobre fundido. Unas lágrimas. Un llanto débil de socorro con enquistados brillantes negros. Facetas y más facetas de noche. Pequeños trozos con reflejo de Luna, cariño de sangre entre las piernas, cominos al cielo en una feria pasada por agua de mujer.
No salgo nunca. Dicen que esto es una caseta. Un rhythm and blues brutal de sobredosis flamenca de croquetas y masca lenguas. No vamos a mentirnos. Tantas cosas nos hacen felices como cosas hay con ritmo. Un baile. Una cabriola. Un paso. Un roce bien dado. Sobretodo pasos. Muchos, carreras y descoordinación: mucho camino hecho por otros, como digo yo.
Si no te ves con una mano delante y otra detrás detrás de un charco a la noche, revoloteado por pavanas y comido por las ganas de fumar, no viviste la feria. Sin esa lluvia de Junio. Sin esas bendiciones a la Tierra de la Isla Verde, que se esconden tanto y son tan visibles.
Salir y ver niñas vestías de gitana. Volantes en la sombra de los dobladillos del pantalón. Pero no importa una mierda lo que yo quiera. Así lo siento yo. Si importara lo que yo quiero…. qué sería del mundo, cuántas caricias de más y de menos se iban a dar, cómo sería una buena juerga….
Al final fui a la Feria para beberme dos copas y vomitar los zapatos de la gente. Siempre es todo más feo de lo que se pinta con cualquier material. Hipnosis en la Tensión.
No salgo nunca. Dicen que esto es una caseta. Un rhythm and blues brutal de sobredosis flamenca de croquetas y masca lenguas. No vamos a mentirnos. Tantas cosas nos hacen felices como cosas hay con ritmo. Un baile. Una cabriola. Un paso. Un roce bien dado. Sobretodo pasos. Muchos, carreras y descoordinación: mucho camino hecho por otros, como digo yo.
Si no te ves con una mano delante y otra detrás detrás de un charco a la noche, revoloteado por pavanas y comido por las ganas de fumar, no viviste la feria. Sin esa lluvia de Junio. Sin esas bendiciones a la Tierra de la Isla Verde, que se esconden tanto y son tan visibles.
Salir y ver niñas vestías de gitana. Volantes en la sombra de los dobladillos del pantalón. Pero no importa una mierda lo que yo quiera. Así lo siento yo. Si importara lo que yo quiero…. qué sería del mundo, cuántas caricias de más y de menos se iban a dar, cómo sería una buena juerga….
Al final fui a la Feria para beberme dos copas y vomitar los zapatos de la gente. Siempre es todo más feo de lo que se pinta con cualquier material. Hipnosis en la Tensión.
miércoles, 19 de junio de 2013
Roces
Sobornando rimas con cadencia de barrancos, aupado, como mi gata, al pretil de la terraza. Quise ser perro y no lo conseguí. También lobo. E incluso oso. Pero siempre el equilibrio, el dominio del momento angular, la caída, el salto, la vista.
Me cuido bien el bigote, nunca me afeito. Dicen que es un elemento de tacto importante. Así también lo creo yo. Quise dejármelo largo, luego en perilla, con nociones de ingravidez… Pero he notado que el mejor tacto es la corta distancia.
El roce de vello con piel y saliva. Toda una bendición negada al común de las mortales, cuando se niega, por torpeza del sujeto. Nunca un beso en la nariz por equívoco. Ningún consorcio que no deba firmarse de inmediato.
Me han caído besos del cielo al saltar de una mata a un rastrojo con un simple cruce de ojos, han volado al vacío cientos de miles, como los gatos. He tenido besos domados, redomados, expertos, circunspectos. He tenido todos los argumentos para dar más de uno.
Ahora, aquí, al borde de salir de viaje sin moverme de dimensión, en un solo arriba o abajo, mientras mi vista se delecta con los minúsculos seres del inframundo de mi ático, con las pulgas y los guiños al azul del cielo. Ahora, no tengo tacto, pero, ¿lo quiero?. Quiero un mundo perfecto, porque estoy seguro que puedo realizarlo. Quiero una mentira que sea una de mis verdades y que tenga sentidos.
¿El celo? El celo es poner miramiento en las cosas. ¿En celo?. No. Estamos en Feria y estoy en mi casa disfrutando un Ribera de los líquidos, -tampoco estoy para santos… Quiero saltar, quiero caer, quiero ver.
Saltar puedo, ver veo, caer, siempre en la misma cuenta corriente. Quiero créditos.
La corriente es tan importante como los gatos y como el crédito. Voy a seguir cayendo de pie, sólo espero que no pase un arroyo por debajo y que no me persiga ningún banquero.
Me cuido bien el bigote, nunca me afeito. Dicen que es un elemento de tacto importante. Así también lo creo yo. Quise dejármelo largo, luego en perilla, con nociones de ingravidez… Pero he notado que el mejor tacto es la corta distancia.
El roce de vello con piel y saliva. Toda una bendición negada al común de las mortales, cuando se niega, por torpeza del sujeto. Nunca un beso en la nariz por equívoco. Ningún consorcio que no deba firmarse de inmediato.
Me han caído besos del cielo al saltar de una mata a un rastrojo con un simple cruce de ojos, han volado al vacío cientos de miles, como los gatos. He tenido besos domados, redomados, expertos, circunspectos. He tenido todos los argumentos para dar más de uno.
Ahora, aquí, al borde de salir de viaje sin moverme de dimensión, en un solo arriba o abajo, mientras mi vista se delecta con los minúsculos seres del inframundo de mi ático, con las pulgas y los guiños al azul del cielo. Ahora, no tengo tacto, pero, ¿lo quiero?. Quiero un mundo perfecto, porque estoy seguro que puedo realizarlo. Quiero una mentira que sea una de mis verdades y que tenga sentidos.
¿El celo? El celo es poner miramiento en las cosas. ¿En celo?. No. Estamos en Feria y estoy en mi casa disfrutando un Ribera de los líquidos, -tampoco estoy para santos… Quiero saltar, quiero caer, quiero ver.
Saltar puedo, ver veo, caer, siempre en la misma cuenta corriente. Quiero créditos.
La corriente es tan importante como los gatos y como el crédito. Voy a seguir cayendo de pie, sólo espero que no pase un arroyo por debajo y que no me persiga ningún banquero.
miércoles, 12 de junio de 2013
Estrellas latentes
Una canción de alta cuna sonaba en la habitación entonada por una ama de cría singular. Gruesa, dicharachera y beoda. Nadie conocía el por qué aquellos padres de importancia hubieran dado a la niña tanto consentimiento, tanta naturalidad.
No es para menos decir esto, pues se llamaba Agustina Hera Bartolomé Cosío. Al principio todos en el pueblo dudaban de la decisión que habían tomado los patronos del pueblo - se puede decir- en cuanto a la educación de su hija.
Este trato comenzó cuando Adriana tenía seis meses. Por aquel entonces Agustina había parido hace poco y en principio le daría el pecho a la criatura para que a su hermosa madre -muy vigente con respecto a su marido- no se le cayeran las tetas.
Adriana comenzó mamando la leche de Agustina y era dulce como la miel, recordaba ella, ya más tarde, que sabía distinguir el sabor de la leche materna. Quizás por no haber mamado de su madre, quizás porque tenía los recuerdos “despiertos”, quizás porque tenía los pies muy en la tierra desde pequeña.
Tras los primeros años, que fueron varios, Adriana comenzó a tener una amistad sincera con su ama. Primero desde la infancia como una niña que encontraba dulzura y viveza en Agustina. Una comprensión particular ya que Agustina la sentía como su propia hija y siempre, siempre, hacía por entender sus pequeñeces, sus grandezas, sus caprichos.
Los padres de Adriana eran por supuesto muy solícitos, cercanos a su hija y comprometidos pero se creo una cierta complicidad entre la niña y Agustina. Ella era cálida, fértil, un poco atontada en la fortuna de sus rápidas palabras llevadas por el vino. No era una mujer de su tiempo. O quizás sí. (¿Sabemos cómo han sido las mujeres de muchos tiempos? Como estudiante de antropología puedo decir que muy poco.)
Esa complicidad se desarrolló. Cualquier niña hubiera sucumbido ante aquel carácter, la hubiera marcado de por vida en su más interno yo. Pero los padres de Adriana siempre notaron que aquella criatura -como listos Señores que eran- gozaba de una independencia casi sobrenatural.
Así, habían pasado 16 años y Agustina seguía yendo por casa de los padres de Adriana a hacerle el cuarto, el almuerzo y un sándwich por las noches. A Agustina no le importaba, incluso ponía horarios en casa para que su trabajo fuera como la seda.
Aquella noche, era un quince de junio, Adriana estaba intranquila. Saldría aquella noche a casa de unos vecinos y Agustina, más que su Madre, sabía que algo se cocía: el primer chico de Adriana.
Agustina se acercó mientras ella buscaba ropa en el vestidor. Estaba aquel día repleta de cosas, Agustina. En cierto modo todo el día había estado flotando. No se había dado cuenta hasta aquel momento. Mientras cocinaba, cuando planchó o cuando estuvo arreglando el baño de Adriana. Desde que notó la Tierra bajo los pies al asomarse a su casa con porche frente a la playa (en aquellos tiempos era más fácil tenerla).
“En Punta Paloma sólo hay un chico para ti, Adriana -le dijo-. No le des lo que le darías a cualquiera. Y da siempre sólo lo que te salga del corazón” Adriana pensó un momento y le dijo: “Mi amor sólo es mío y es todo tuyo, Hera”.
Agustina sintió un frío en los brazos y supo que nunca habría de preocuparse por su niña. “Ella iría a un único sitio. Ya era una gran mujer, había visto las mentiras y verdades de cada uno de sus comunes, estaba demasiado cerca y a la vez demasiado lejos”
No es para menos decir esto, pues se llamaba Agustina Hera Bartolomé Cosío. Al principio todos en el pueblo dudaban de la decisión que habían tomado los patronos del pueblo - se puede decir- en cuanto a la educación de su hija.
Este trato comenzó cuando Adriana tenía seis meses. Por aquel entonces Agustina había parido hace poco y en principio le daría el pecho a la criatura para que a su hermosa madre -muy vigente con respecto a su marido- no se le cayeran las tetas.
Adriana comenzó mamando la leche de Agustina y era dulce como la miel, recordaba ella, ya más tarde, que sabía distinguir el sabor de la leche materna. Quizás por no haber mamado de su madre, quizás porque tenía los recuerdos “despiertos”, quizás porque tenía los pies muy en la tierra desde pequeña.
Tras los primeros años, que fueron varios, Adriana comenzó a tener una amistad sincera con su ama. Primero desde la infancia como una niña que encontraba dulzura y viveza en Agustina. Una comprensión particular ya que Agustina la sentía como su propia hija y siempre, siempre, hacía por entender sus pequeñeces, sus grandezas, sus caprichos.
Los padres de Adriana eran por supuesto muy solícitos, cercanos a su hija y comprometidos pero se creo una cierta complicidad entre la niña y Agustina. Ella era cálida, fértil, un poco atontada en la fortuna de sus rápidas palabras llevadas por el vino. No era una mujer de su tiempo. O quizás sí. (¿Sabemos cómo han sido las mujeres de muchos tiempos? Como estudiante de antropología puedo decir que muy poco.)
Esa complicidad se desarrolló. Cualquier niña hubiera sucumbido ante aquel carácter, la hubiera marcado de por vida en su más interno yo. Pero los padres de Adriana siempre notaron que aquella criatura -como listos Señores que eran- gozaba de una independencia casi sobrenatural.
Así, habían pasado 16 años y Agustina seguía yendo por casa de los padres de Adriana a hacerle el cuarto, el almuerzo y un sándwich por las noches. A Agustina no le importaba, incluso ponía horarios en casa para que su trabajo fuera como la seda.
Aquella noche, era un quince de junio, Adriana estaba intranquila. Saldría aquella noche a casa de unos vecinos y Agustina, más que su Madre, sabía que algo se cocía: el primer chico de Adriana.
Agustina se acercó mientras ella buscaba ropa en el vestidor. Estaba aquel día repleta de cosas, Agustina. En cierto modo todo el día había estado flotando. No se había dado cuenta hasta aquel momento. Mientras cocinaba, cuando planchó o cuando estuvo arreglando el baño de Adriana. Desde que notó la Tierra bajo los pies al asomarse a su casa con porche frente a la playa (en aquellos tiempos era más fácil tenerla).
“En Punta Paloma sólo hay un chico para ti, Adriana -le dijo-. No le des lo que le darías a cualquiera. Y da siempre sólo lo que te salga del corazón” Adriana pensó un momento y le dijo: “Mi amor sólo es mío y es todo tuyo, Hera”.
Agustina sintió un frío en los brazos y supo que nunca habría de preocuparse por su niña. “Ella iría a un único sitio. Ya era una gran mujer, había visto las mentiras y verdades de cada uno de sus comunes, estaba demasiado cerca y a la vez demasiado lejos”
domingo, 9 de junio de 2013
Vacaciones pagadas. Comidas de lobos.
No hacemos más que perdernos hasta que a los niños les entra hambre. Siempre suele ser así. Ha solido. Ahijados, nietos, sobrinos, la niñez nos salva a todos de la derrota, siempre nos devuelve la sonrisa, encanta el oído y te eleva hasta casi estallar a veces en: “Eres lo más bonito que hay”. “…lo que yo más quiero en el mundo”.
El apetito de los enanos y de las enanas. Las carencias que al instante son llantos, gritos o pataletas que terminan siempre por convencerte. A la niñez todos prestamos tributo, todos damos pábulo, todos damos tiempo y multitud de esperanzas y respetos.
Hay necios que no. No saben que es un préstamo del cielo lo que nos regalan esos años, lo que nos propinan esos locos bajitos. Sus enormes inteligencias, su puro cariño, sus sonrisas, sus picardías, sus ingenios, su abultada madurez.
Yo tengo una loca bajita y un chiquitín parrandero, dichosos frutos de mis hermanos mayores. La chiquitilla ya canta en francés e inglés, y el parrandas tiene un año y pico y parece que tiene tres, -es un nene herculino al que me he preocupado de comprarle sus camisetas de superhéroes. Ella es tan perfecta, ya, que una camiseta de superhéroe le quedaría mal. Y el chico porque aún no habla.
También yo soy su tío, - de los dos-, así que no sé si contarán mis percepciones por objetivo en el mundo de las metáforas que pretendo ser siempre.
A todos nos parecen siempre los más bellos, sólo son tantas cosas olvidadas, tanta naturalidad que se nos escapó y surge en muecas en nuestras caras de babosos cuando te sueltan esa coma o ese punto o esa palabra inmejorable. Cuando tienen más pausa que la mejor alma o más prisa que el mayor ego.
¿Conseguirlo todo, conseguir unas vacaciones pagadas?. ¿Las vacaciones más lujosas?. Disfrutar de la familia y de estos seres que lo tienen todo por decir. En los que para colmo queremos reflejarnos, sangre de sangre, y son siempre superiores, más bellos, más elocuentes en su inocencia que la inteligencia más taimada.
Si no perdiéramos tantas cosas, que formidable enemigo sería nuestro mundo del que ahora es. Yo, sin esforzarme, os recordaré así cada día de vuestras vidas.
Intentando que sigáis siendo así por toda vuestra existencia. Os lo debo. Nos lo debemos. Os lo deben vuestros padres y abuelos. Bendita libertad y bendito cariño y bendita generación. Benditos niños¡¡
El apetito de los enanos y de las enanas. Las carencias que al instante son llantos, gritos o pataletas que terminan siempre por convencerte. A la niñez todos prestamos tributo, todos damos pábulo, todos damos tiempo y multitud de esperanzas y respetos.
Hay necios que no. No saben que es un préstamo del cielo lo que nos regalan esos años, lo que nos propinan esos locos bajitos. Sus enormes inteligencias, su puro cariño, sus sonrisas, sus picardías, sus ingenios, su abultada madurez.
Yo tengo una loca bajita y un chiquitín parrandero, dichosos frutos de mis hermanos mayores. La chiquitilla ya canta en francés e inglés, y el parrandas tiene un año y pico y parece que tiene tres, -es un nene herculino al que me he preocupado de comprarle sus camisetas de superhéroes. Ella es tan perfecta, ya, que una camiseta de superhéroe le quedaría mal. Y el chico porque aún no habla.
También yo soy su tío, - de los dos-, así que no sé si contarán mis percepciones por objetivo en el mundo de las metáforas que pretendo ser siempre.
A todos nos parecen siempre los más bellos, sólo son tantas cosas olvidadas, tanta naturalidad que se nos escapó y surge en muecas en nuestras caras de babosos cuando te sueltan esa coma o ese punto o esa palabra inmejorable. Cuando tienen más pausa que la mejor alma o más prisa que el mayor ego.
¿Conseguirlo todo, conseguir unas vacaciones pagadas?. ¿Las vacaciones más lujosas?. Disfrutar de la familia y de estos seres que lo tienen todo por decir. En los que para colmo queremos reflejarnos, sangre de sangre, y son siempre superiores, más bellos, más elocuentes en su inocencia que la inteligencia más taimada.
Si no perdiéramos tantas cosas, que formidable enemigo sería nuestro mundo del que ahora es. Yo, sin esforzarme, os recordaré así cada día de vuestras vidas.
Intentando que sigáis siendo así por toda vuestra existencia. Os lo debo. Nos lo debemos. Os lo deben vuestros padres y abuelos. Bendita libertad y bendito cariño y bendita generación. Benditos niños¡¡
martes, 4 de junio de 2013
¿Almas gemelas?
Cargado del cansancio de toser
Margaritas en mis continuas subidas y bajadas
por escaleras de peldaños irregulares.
Una cerveza, otra cerveza, otro cigarrillo,
Un soliloquio locuaz y hasta blasfemo
Que se expande por el aire de los portales.
Pierdo el paso y metódico vuelvo
Atrás la cuenta hasta un principio sin sospecha.
Medias perchas y armarios enteros vestidos
Con bellísimos brocados de Loui Vuitton.
Nunca soñé con el lujo, él me persiguió,
de largo y con valentía, por los caminos más ausentes.
Siempre encontrando nuevos árboles del destino,
Prendado una y otra vez de aquella u otra flor,
De tantas flores… ,y el azuquillar de los sabios,
Y las carreras en las medias, y los senderos perdidos.
Media percha, así me encuentro, señores lectores,
En un trayecto sin barandas ni bordas
Que me ayuden a no caer en un Océano
En el que parece que me encuentro indigno vestido.
Para cuando llegue la otra parte de la percha
Lo mismo ya me quité la vida por aburrimiento,
O por destreza.
Margaritas en mis continuas subidas y bajadas
por escaleras de peldaños irregulares.
Una cerveza, otra cerveza, otro cigarrillo,
Un soliloquio locuaz y hasta blasfemo
Que se expande por el aire de los portales.
Pierdo el paso y metódico vuelvo
Atrás la cuenta hasta un principio sin sospecha.
Medias perchas y armarios enteros vestidos
Con bellísimos brocados de Loui Vuitton.
Nunca soñé con el lujo, él me persiguió,
de largo y con valentía, por los caminos más ausentes.
Siempre encontrando nuevos árboles del destino,
Prendado una y otra vez de aquella u otra flor,
De tantas flores… ,y el azuquillar de los sabios,
Y las carreras en las medias, y los senderos perdidos.
Media percha, así me encuentro, señores lectores,
En un trayecto sin barandas ni bordas
Que me ayuden a no caer en un Océano
En el que parece que me encuentro indigno vestido.
Para cuando llegue la otra parte de la percha
Lo mismo ya me quité la vida por aburrimiento,
O por destreza.
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