Felina surgió una niña de una pupila,
La pupila oscura de un hermano gris,
La pupila sencilla de una vida en añil,
Tus ojos que me dieron siempre vida.
Ningún portal, ni verdad, ni bebida
Tuvo día la dulzura de una hermana
Más bella, más cándida, ni humana,
Ni mejor contrincante en la lidia.
Siempre perseguí tu fuerte intelecto,
Anduve tras tus formas de ver y hacer,
Pero siempre preferí tu mejor gesto:
Cogías mi mano para enseñarme a ver.
Lo has hecho tantas veces sin mirar,
Que levantan tus palabras en mi arena,
Reflejos de una firme playa sin penas,
Donde descansan castillos en mi mar.
Ahora te doy las gracias y te festejo,
No hay paz ni hay palabras ni realidad,
No me queda un duro en mi bolsa de sal,
Pero te felicita este inhóspito pendejo.
sábado, 27 de abril de 2013
Si todos supiéramos la muerte en 24 horas.
La elocuencia sería devenir. Los hitos costumbre. La conciencia nata. El discurrir meridiano. Todo tendría sentido para muchos y ninguno para otros. Muchos se despedirían y muchos se sentirían perdidos.
Si mañana fuéramos a morir todos no perderíamos el tiempo con ninguna mentira, no haríamos daño, no quedaría parcela de nosotros, no seriamos un segundo de historia y la historia al completo del ser humano.
Si mañana fuéramos a morir, cómo se darían los besos y, cómo no se darían. ¿Y los abrazos?. Y, cuando no hubiera ley ni concierto, ¿de verdad seguiríamos siendo sociales? ¿Lo seriamos muchos más?.
Si mañana desapareciera el género yo, al saberlo, me quedaría compungido. No tendría tiempo para la ausencia pero sí para sentir una enorme pena por lo grandes que somos. Con todas nuestras imperfecciones, delitos y faltas.
Lloraría de viva forma y sin lágrima ninguna (miento) por esta raza torpe y muchas veces siniestra, encajonada como una rés, -en este caso, dirección al matadero-. Lloraría por las lágrimas, por las madres, por los hombres, por la mujer, por los niños y las nenas, por los juegos y los caprichos.
Lloraría desconsolado por el arte y mi amada filosofía. Lloraría porque es producto nuestro. Porque el artista o cualquier persona puede valer más o menos al mundo, pero lo que regalamos como una flor al aire, lo que nos sale....quizá haya razas más inteligentes o divinas en el cosmos. Si es así, éstas también llorarían por esto.
¿Qué es el hombre? ¿Qué es la mujer?. ¿Hacemos cábalas? Lo decía un carpintero hijo de carpintero que sería hijo de panadero, que a su vez sería hijo de cabrero, o dios sabe qué, decía, que al fin y al cabo sólo somos amor.
Y estoy casi seguro de que así sería el último día el mundo si lo conociéramos. Lleno de amor y desventuras. Miren: si somos 6000 u 8000 millones, y los que han vivido plenas vidas y fallecieron, -más plenas o menos-, desde hace 200000 años. Si contamos que el hombre comenzó a tener graves conflictos sociales sólo después de comenzar su andadura por esos campos de Plutón atareado con la siembra y el clima....
¿Cuánto amor hemos puesto en este Universo? Esto me suena al cuento de Blancanieves, la destreza de la belleza para domar y la mano cruel del poder. El poder nos engendra demasiados monstruos que esconden nuestras destrezas y nuestra belleza. Y acaba con el equilibrio.
Si llegara mañana la muerte para todos, para muchos sería un canto dulce, para otros una copa amarga pero bien bebida. Y las gentes se agarrarían a sus creencias. E invitarían al vecino a su casa. E incluso al pobre.
Los pobres serían menos desafortunados que los ricos, como dice la puta esa de la Lomana. Yo estoy seguro que estarían menos vacíos. Él que tiene poco se tiene a sí mismo mucho tiempo. El que tiene mucho vive pero poco saborea. Aunque la televisión e Internet nos haya igualado. Ya ni el hambre es virtud.
De hecho creo que sólo las almas jóvenes pueden ser ricas al venir a este mundo -exceptuando ejemplos a seguir y toreros.
Si mañana fuera el fin el Mundo yo moriría por vuestros labios, por más palabras, por más caricias, por roces, por la amistad sincera, por todos los buenos actos, por todos nuestros regalos sin pedir nada a cambio.
La generosidad humana cuando sale del corazón, directa como un meteorito entrando en la atmosfera y a punto de explotar, cuando apestamos a humanidad, como las flores. Cuando eso pasa, el ser humano es sublime, y
¿Y si mañana fuera el fin del mundo? Yo sólo pediría que sobreviviera de nosotros, en lo que demonios se engendrara en la Tierra, nuestra generosidad y la capacidad humana (y divina) de amar.
En cualquier caso viniera lo que viniese sería para mejor.
Si mañana fuéramos a morir todos no perderíamos el tiempo con ninguna mentira, no haríamos daño, no quedaría parcela de nosotros, no seriamos un segundo de historia y la historia al completo del ser humano.
Si mañana fuéramos a morir, cómo se darían los besos y, cómo no se darían. ¿Y los abrazos?. Y, cuando no hubiera ley ni concierto, ¿de verdad seguiríamos siendo sociales? ¿Lo seriamos muchos más?.
Si mañana desapareciera el género yo, al saberlo, me quedaría compungido. No tendría tiempo para la ausencia pero sí para sentir una enorme pena por lo grandes que somos. Con todas nuestras imperfecciones, delitos y faltas.
Lloraría de viva forma y sin lágrima ninguna (miento) por esta raza torpe y muchas veces siniestra, encajonada como una rés, -en este caso, dirección al matadero-. Lloraría por las lágrimas, por las madres, por los hombres, por la mujer, por los niños y las nenas, por los juegos y los caprichos.
Lloraría desconsolado por el arte y mi amada filosofía. Lloraría porque es producto nuestro. Porque el artista o cualquier persona puede valer más o menos al mundo, pero lo que regalamos como una flor al aire, lo que nos sale....quizá haya razas más inteligentes o divinas en el cosmos. Si es así, éstas también llorarían por esto.
¿Qué es el hombre? ¿Qué es la mujer?. ¿Hacemos cábalas? Lo decía un carpintero hijo de carpintero que sería hijo de panadero, que a su vez sería hijo de cabrero, o dios sabe qué, decía, que al fin y al cabo sólo somos amor.
Y estoy casi seguro de que así sería el último día el mundo si lo conociéramos. Lleno de amor y desventuras. Miren: si somos 6000 u 8000 millones, y los que han vivido plenas vidas y fallecieron, -más plenas o menos-, desde hace 200000 años. Si contamos que el hombre comenzó a tener graves conflictos sociales sólo después de comenzar su andadura por esos campos de Plutón atareado con la siembra y el clima....
¿Cuánto amor hemos puesto en este Universo? Esto me suena al cuento de Blancanieves, la destreza de la belleza para domar y la mano cruel del poder. El poder nos engendra demasiados monstruos que esconden nuestras destrezas y nuestra belleza. Y acaba con el equilibrio.
Si llegara mañana la muerte para todos, para muchos sería un canto dulce, para otros una copa amarga pero bien bebida. Y las gentes se agarrarían a sus creencias. E invitarían al vecino a su casa. E incluso al pobre.
Los pobres serían menos desafortunados que los ricos, como dice la puta esa de la Lomana. Yo estoy seguro que estarían menos vacíos. Él que tiene poco se tiene a sí mismo mucho tiempo. El que tiene mucho vive pero poco saborea. Aunque la televisión e Internet nos haya igualado. Ya ni el hambre es virtud.
De hecho creo que sólo las almas jóvenes pueden ser ricas al venir a este mundo -exceptuando ejemplos a seguir y toreros.
Si mañana fuera el fin el Mundo yo moriría por vuestros labios, por más palabras, por más caricias, por roces, por la amistad sincera, por todos los buenos actos, por todos nuestros regalos sin pedir nada a cambio.
La generosidad humana cuando sale del corazón, directa como un meteorito entrando en la atmosfera y a punto de explotar, cuando apestamos a humanidad, como las flores. Cuando eso pasa, el ser humano es sublime, y
¿Y si mañana fuera el fin del mundo? Yo sólo pediría que sobreviviera de nosotros, en lo que demonios se engendrara en la Tierra, nuestra generosidad y la capacidad humana (y divina) de amar.
En cualquier caso viniera lo que viniese sería para mejor.
martes, 16 de abril de 2013
Disfunción de lo japonés.
Me han regalado unos pañuelos tokiotas para guardar los tetras de sake. No es que me guste el licor de arroz de forma desmedida. Sino que la gente casi nunca sabe que regalar. En una gran urbe elige uno de forma compulsiva el detalle que le sublima cuando no sublima a nadie en Cai.
Tengo un rincón japonés en casa, uno en el cuerpo y otro en el cerebro. Pero todo lo que me ha interesado esa cultura me ha servido para volverme más hacia dentro, más autista, más catatónico.
Decidí ante tal tesitura absurda y vana hacerme daño en el cuerpo. Ya saben: La letra con sangre entra.
Y mi preferida: La sangre es la vida.
Así que después e mucho estudiar, de practicar tai-Chi, de leer algunos ensayos por arriba, de entretenerme desde pequeño con la particularidades de aquella cultura, decidí mezclar mis creencias con sus fuerzas para hacerme ese rincón del cuerpo todavía inacabado.
Una serpiente emplumada surcada por un rayo greco romano en señal de lealtad, firmeza y marcialidad.
Los japoneses suelen adorar las fuerzas naturales. E incluso se atormentan con sus oscilaciones y temen los fenómenos. Pero temen a pocos de los otros hombres.
Una cultura que entra en guerra con un “cuchillo” frente a un fusil, algo tendrá de encomiable. Una cultura que venera la caligrafía, algo encomiable tendrá. Además creo que hacen los mejores tejanos y son los amos del mundo vendiendo trastos para la limpieza de cerebro.
Creo que ya en breve sacarán ese wc soñado que te refresque el culo.
Los pañuelos la verdad es que son preciosos. Y traían, muy metódicos, instrucciones precisas de cómo realizar los nudos para la conservación fría del saque. Que no sé qué tendrán los pañuelos. Pero si ellos dicen que mantienen el frío habrá que creérselo. También dicen que el tai-Chi moldea, modela y precisa la energía vital y estoy seguro de ello.
Igual que pueden defenderse de una katana con los brazos, manos y piernas y esto parece más imposible.
La disfunción de la cultura japonesa es su superioridad, su incredibilidad, su talento y su sacrificio hasta el último suspiro. Qué digo. Seguro que los japoneses casi ni suspiran. Corren a coger el gazapo.
Trabaje hace años con un ingeniero muy cualificado de Tsukiyima Kikai Co. Todos trabajábamos de ingenieros con nuestras mesas con alas y nuestras gafas con montura de oro de Sudamérica.
El tipo llego, no había mesa, se sentó en el suelo, desplegó sus planos y a currar. Los ingenieros españoles de BMW 525 se reían de él, les parecía un señor con demasiada confianza en sí mismo creo yo. Cosa de la que ellos carecían de cerebro a polla.
El japonés con su mini pene, que tendría de seguro, les partía la cara a todos aquellos faraones.
Ya había pensado mucho en las cualidades de estos seres de Cipango, había admirado sus huertos de Okinawa y la insospechada, e investigada, eternidad de la vida de muchos de ellos.
Así se puede. Entiendo las luchas del XIX por quedarse aislados y la lucha de sus emperadores por sacarlos de su catatonia, de su autismo casi divino, de su particularidad rarísima de ser ellos mismo, de comprimir sus costumbres en ellos mismos.
Creo que es una de las culturas más auténticas de la tierra pero eso sí, inaccesible, hay que tener fe, hay que tener dedicación, hay que darle sangre y vertirla.
¿Dónde compro saque en Cai?
Tengo un rincón japonés en casa, uno en el cuerpo y otro en el cerebro. Pero todo lo que me ha interesado esa cultura me ha servido para volverme más hacia dentro, más autista, más catatónico.
Decidí ante tal tesitura absurda y vana hacerme daño en el cuerpo. Ya saben: La letra con sangre entra.
Y mi preferida: La sangre es la vida.
Así que después e mucho estudiar, de practicar tai-Chi, de leer algunos ensayos por arriba, de entretenerme desde pequeño con la particularidades de aquella cultura, decidí mezclar mis creencias con sus fuerzas para hacerme ese rincón del cuerpo todavía inacabado.
Una serpiente emplumada surcada por un rayo greco romano en señal de lealtad, firmeza y marcialidad.
Los japoneses suelen adorar las fuerzas naturales. E incluso se atormentan con sus oscilaciones y temen los fenómenos. Pero temen a pocos de los otros hombres.
Una cultura que entra en guerra con un “cuchillo” frente a un fusil, algo tendrá de encomiable. Una cultura que venera la caligrafía, algo encomiable tendrá. Además creo que hacen los mejores tejanos y son los amos del mundo vendiendo trastos para la limpieza de cerebro.
Creo que ya en breve sacarán ese wc soñado que te refresque el culo.
Los pañuelos la verdad es que son preciosos. Y traían, muy metódicos, instrucciones precisas de cómo realizar los nudos para la conservación fría del saque. Que no sé qué tendrán los pañuelos. Pero si ellos dicen que mantienen el frío habrá que creérselo. También dicen que el tai-Chi moldea, modela y precisa la energía vital y estoy seguro de ello.
Igual que pueden defenderse de una katana con los brazos, manos y piernas y esto parece más imposible.
La disfunción de la cultura japonesa es su superioridad, su incredibilidad, su talento y su sacrificio hasta el último suspiro. Qué digo. Seguro que los japoneses casi ni suspiran. Corren a coger el gazapo.
Trabaje hace años con un ingeniero muy cualificado de Tsukiyima Kikai Co. Todos trabajábamos de ingenieros con nuestras mesas con alas y nuestras gafas con montura de oro de Sudamérica.
El tipo llego, no había mesa, se sentó en el suelo, desplegó sus planos y a currar. Los ingenieros españoles de BMW 525 se reían de él, les parecía un señor con demasiada confianza en sí mismo creo yo. Cosa de la que ellos carecían de cerebro a polla.
El japonés con su mini pene, que tendría de seguro, les partía la cara a todos aquellos faraones.
Ya había pensado mucho en las cualidades de estos seres de Cipango, había admirado sus huertos de Okinawa y la insospechada, e investigada, eternidad de la vida de muchos de ellos.
Así se puede. Entiendo las luchas del XIX por quedarse aislados y la lucha de sus emperadores por sacarlos de su catatonia, de su autismo casi divino, de su particularidad rarísima de ser ellos mismo, de comprimir sus costumbres en ellos mismos.
Creo que es una de las culturas más auténticas de la tierra pero eso sí, inaccesible, hay que tener fe, hay que tener dedicación, hay que darle sangre y vertirla.
¿Dónde compro saque en Cai?
lunes, 15 de abril de 2013
Revueltas de Infancia
Tiraba fuerte de su bolso con estampado de caramelos y esmeraldas muy Ágata Ruiz. Con sus coletas a los lados gemía por llevar su bolsa cargada de libros. Y en sus calcetines de media pierna había un hálito de salir corriendo en cada instante.
“No te acerques a la piscina”. “No andes las escaleras”. “No perturbes el sueño de tus padres”. “!Venga¡, al colegio”
Antígona era una niña obediente aunque soltaba la mano. Chapurreaba el francés, en inglés y dominaba el castellano con sus cuatro años de antiflores y sonrisas. Los buenos colegios, las buenas amas, los buenos pares de cartón que eran sus padres, sus abuelos, efigies de sus saltos y cabriolas, -como un cuadro no pintado.
Todo era luz en Antígona. Y fuerza. Un máximo freudiano. Un intolerante a la vez que amable superyo. Un Ser y el Tiempo que sabía saltar sobre el camino firme de la infancia. Yo por aquel entonces contaba 10 años y, siendo un personajillo tan responsable, los vecinos, sus padres, me encargaban dejarla en la Guardería camino del colegio.
Aquella niña pelirroja se me quedó grabada para siempre en la memoria. Como no podía ser de otro modo, y por mucho que he leído a Freud e intentado cultivarme en el mundo de la obscenidad, estoy completamente seguro que de no existía una mota de tensión sexual entre aquellos que éramos dos seres en instancias de dejar de ser puros.
Pero aquella calidez del ordeno y mando con la inocencia de un hada o una mariposa. Aquella sonrisa de ave. O aquellas carreras de fuego camino de la guardería me hicieron intuir muchas cosas maravillosas sobre lo que yo estaba dejando de ir.
Era un pulso constante al corazón aquella infancia. Aquella potencia que se adormecía cuando se tomaba un cola cao. Capaz de intentar ordenar los pliegues de un papel hasta el infinito “¡¿Dónde está mi barco de princesa?!¿ùé?!”.
A parte de sus cuelgues de niñ@ cuando algo no salía del todo perfecto, cuando el reloj no marcaba el segundo correcto, en aquellos paseos fui descubriendo, como decía, la extraordinaria potencia de los cerebros jóvenes, cuánto nos destruían los conceptos sociales, las circunstancias, las tontadas del carácter que dejamos pervivir en nosotros mismos.
Me veía en aquella niña. Me veía partir. Me veía marcharme, correr un circuito con demasiadas esquinas ya. Me veía como un anciano mirando a Jean Paúl con 35 sin “chapurrear” francés y teniendo un odio contumaz al idioma de los Tudor. (Mientras más aprendía menos me gustaba).
Estaba orgulloso de quién llegaría a ser aquella niña. Pero lo que más me dolió no fue su destino, fue que se perdiera aquella picardía sin picardía, aquel repetir con la insistencia de él que piensa luego, aquel fuego sin dueño más que su Papá, aquella sonrisa furtiva a su madre, o aquellos arreones del brazo en busca de su dulce preferido.
Pasé mucho tiempo en aquellos años por casa de los López. Pero entonces, cuando Antígona contaba seis, su padre falleció en un accidente automovilístico.
Su madre no supero bien el golpe, se hundió y empezó a beber muy a menudo. La casa de Antígona se volvió un saco de sombras. Al poco se mudaron a otra ciudad y dejé para siempre de ver a Antígona.
Hasta ayer cuando paseando cerca del puerto vi un giro de aquel fuego en un coche que cruzaba. Íbamos lentos, junto al Boulevard. Ella marchaba en un VW Golf con unas tablas de surf en el techo y conducía un chico muy hermoso con gafas de sol. Me quedé mirando y ella se quedó mirando, nos cruzamos mil viajes a la guardería, mil caprichos, mil carreras y mil voces de niño. Y lo peor de todo es que no sé si era ella ni creo que ella supiera que pudiera ser yo. Pero me queda mi cerebro de niño.
Muy posible es que sea gracias a ella.
“No te acerques a la piscina”. “No andes las escaleras”. “No perturbes el sueño de tus padres”. “!Venga¡, al colegio”
Antígona era una niña obediente aunque soltaba la mano. Chapurreaba el francés, en inglés y dominaba el castellano con sus cuatro años de antiflores y sonrisas. Los buenos colegios, las buenas amas, los buenos pares de cartón que eran sus padres, sus abuelos, efigies de sus saltos y cabriolas, -como un cuadro no pintado.
Todo era luz en Antígona. Y fuerza. Un máximo freudiano. Un intolerante a la vez que amable superyo. Un Ser y el Tiempo que sabía saltar sobre el camino firme de la infancia. Yo por aquel entonces contaba 10 años y, siendo un personajillo tan responsable, los vecinos, sus padres, me encargaban dejarla en la Guardería camino del colegio.
Aquella niña pelirroja se me quedó grabada para siempre en la memoria. Como no podía ser de otro modo, y por mucho que he leído a Freud e intentado cultivarme en el mundo de la obscenidad, estoy completamente seguro que de no existía una mota de tensión sexual entre aquellos que éramos dos seres en instancias de dejar de ser puros.
Pero aquella calidez del ordeno y mando con la inocencia de un hada o una mariposa. Aquella sonrisa de ave. O aquellas carreras de fuego camino de la guardería me hicieron intuir muchas cosas maravillosas sobre lo que yo estaba dejando de ir.
Era un pulso constante al corazón aquella infancia. Aquella potencia que se adormecía cuando se tomaba un cola cao. Capaz de intentar ordenar los pliegues de un papel hasta el infinito “¡¿Dónde está mi barco de princesa?!¿ùé?!”.
A parte de sus cuelgues de niñ@ cuando algo no salía del todo perfecto, cuando el reloj no marcaba el segundo correcto, en aquellos paseos fui descubriendo, como decía, la extraordinaria potencia de los cerebros jóvenes, cuánto nos destruían los conceptos sociales, las circunstancias, las tontadas del carácter que dejamos pervivir en nosotros mismos.
Me veía en aquella niña. Me veía partir. Me veía marcharme, correr un circuito con demasiadas esquinas ya. Me veía como un anciano mirando a Jean Paúl con 35 sin “chapurrear” francés y teniendo un odio contumaz al idioma de los Tudor. (Mientras más aprendía menos me gustaba).
Estaba orgulloso de quién llegaría a ser aquella niña. Pero lo que más me dolió no fue su destino, fue que se perdiera aquella picardía sin picardía, aquel repetir con la insistencia de él que piensa luego, aquel fuego sin dueño más que su Papá, aquella sonrisa furtiva a su madre, o aquellos arreones del brazo en busca de su dulce preferido.
Pasé mucho tiempo en aquellos años por casa de los López. Pero entonces, cuando Antígona contaba seis, su padre falleció en un accidente automovilístico.
Su madre no supero bien el golpe, se hundió y empezó a beber muy a menudo. La casa de Antígona se volvió un saco de sombras. Al poco se mudaron a otra ciudad y dejé para siempre de ver a Antígona.
Hasta ayer cuando paseando cerca del puerto vi un giro de aquel fuego en un coche que cruzaba. Íbamos lentos, junto al Boulevard. Ella marchaba en un VW Golf con unas tablas de surf en el techo y conducía un chico muy hermoso con gafas de sol. Me quedé mirando y ella se quedó mirando, nos cruzamos mil viajes a la guardería, mil caprichos, mil carreras y mil voces de niño. Y lo peor de todo es que no sé si era ella ni creo que ella supiera que pudiera ser yo. Pero me queda mi cerebro de niño.
Muy posible es que sea gracias a ella.
jueves, 11 de abril de 2013
Calderón y las musas. Al Gran Teatro del Mundo
Se oyó la voz de un poeta gritar los cuentos del camino. Se vio Dios en el orgasmo profundo de la comedia. Se vio vida en los papeles perdidos de su mano.
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Calderón o Beluga, por esos mundos ingrávidos y sutiles vamos dejando nuestro barrunto al infinito de las ondas marinas.
La humanidad desaparecerá, de eso no cabe duda. La pregunta que nos vale de algo es ¿Agrandar el corazón de estos congéneres, perecederos al máximo, lleva a alguna trascendencia?. ¿Hablaban los dinosaurios con los dioses?.
El divino creador, el pobre, el campesino, el rico o la belleza humana, la discreción o la religión. El autor soberano, ¡vaya manera e intentar dejar en la memoria de una rata su último cacho de queso!. ¡Cómo si fuera a dejar e ser rata!. Cómo si las ratas a parte de sus chinches no fueran hermosas…
Se hace camino en la historia -pobre suceso escrito y brevísimo. Ni siquiera la Generación hace historia, más que la espontánea del cariño o la huella. Es una enfermedad propia del ser humano y los dioses, o, inválidos del Crono.
¿Cuándo se vio en la memoria de los hombres suficientes cachos e queso?. He visto ratas grandes como un Mercedes Benz y hombres/mujeres más pequeños que la cabeza de un alfiler por mucho que llevaran a cuestas.
La Madre Tierra es así de caprichosa y se adentra con ruidos en la mar. Para atrapar la eternidad hay que hacerlo desde la respiración, la eternidad sólo existe aquí y ahora y es de exacto y completo lo mismo que todo lo demás.
Ya hace algún tiempo en ese lugar que es el fabuloso Teatro del Mundo, el autor soberano se perdía detrás de sus virtudes en cantar canciones mucho más complejas o igual que la suya. Todo lo que lleve Soberano de cualidad sólo distrae si es para poner dos cañas a nuestra salud.
Lo nuestro es pasar, ya lo decía el otro poeta más meridiano e inconstante. Y él otro navegaba: “Si se haya, Dios lo alaba”. Los dos llevan sus velero en aguas de alta mar golpe a golpe y verso a verso van dejando su verdad.
¿Para qué? Para que se lo lleve un glaciar, para que lo devore una rata, para poder ponerte el epíteto de soberano.
Cuán breve es una vida, cuántos papeles pintados, cuántos papeles dibujados, cuantos papeles trazados, rotos o plegados. “En esta vida todo es representación”. “Mi papel he hecho”.
Vaya, papeles que inventamos, que perviven lateralmente, que sobresalen un segundo, que cuentan de miserias, de riquezas, de hermosuras e incluso de la religión.
Qué pueblo éste el español¡¡. Amamantes del Auto Sacramental.
Yo os regalo uno también en dos versos: “Mira pa atrás que no veras nada de lo que hay,
Pero verás lo que tu culo pinto de astracán”.
P.D. Gracias Maestro, cuánto disfrute tu texto, como rata con lágrimas en los ojos
Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar. Calderón o Beluga, por esos mundos ingrávidos y sutiles vamos dejando nuestro barrunto al infinito de las ondas marinas.
La humanidad desaparecerá, de eso no cabe duda. La pregunta que nos vale de algo es ¿Agrandar el corazón de estos congéneres, perecederos al máximo, lleva a alguna trascendencia?. ¿Hablaban los dinosaurios con los dioses?.
El divino creador, el pobre, el campesino, el rico o la belleza humana, la discreción o la religión. El autor soberano, ¡vaya manera e intentar dejar en la memoria de una rata su último cacho de queso!. ¡Cómo si fuera a dejar e ser rata!. Cómo si las ratas a parte de sus chinches no fueran hermosas…
Se hace camino en la historia -pobre suceso escrito y brevísimo. Ni siquiera la Generación hace historia, más que la espontánea del cariño o la huella. Es una enfermedad propia del ser humano y los dioses, o, inválidos del Crono.
¿Cuándo se vio en la memoria de los hombres suficientes cachos e queso?. He visto ratas grandes como un Mercedes Benz y hombres/mujeres más pequeños que la cabeza de un alfiler por mucho que llevaran a cuestas.
La Madre Tierra es así de caprichosa y se adentra con ruidos en la mar. Para atrapar la eternidad hay que hacerlo desde la respiración, la eternidad sólo existe aquí y ahora y es de exacto y completo lo mismo que todo lo demás.
Ya hace algún tiempo en ese lugar que es el fabuloso Teatro del Mundo, el autor soberano se perdía detrás de sus virtudes en cantar canciones mucho más complejas o igual que la suya. Todo lo que lleve Soberano de cualidad sólo distrae si es para poner dos cañas a nuestra salud.
Lo nuestro es pasar, ya lo decía el otro poeta más meridiano e inconstante. Y él otro navegaba: “Si se haya, Dios lo alaba”. Los dos llevan sus velero en aguas de alta mar golpe a golpe y verso a verso van dejando su verdad.
¿Para qué? Para que se lo lleve un glaciar, para que lo devore una rata, para poder ponerte el epíteto de soberano.
Cuán breve es una vida, cuántos papeles pintados, cuántos papeles dibujados, cuantos papeles trazados, rotos o plegados. “En esta vida todo es representación”. “Mi papel he hecho”.
Vaya, papeles que inventamos, que perviven lateralmente, que sobresalen un segundo, que cuentan de miserias, de riquezas, de hermosuras e incluso de la religión.
Qué pueblo éste el español¡¡. Amamantes del Auto Sacramental.
Yo os regalo uno también en dos versos: “Mira pa atrás que no veras nada de lo que hay,
Pero verás lo que tu culo pinto de astracán”.
P.D. Gracias Maestro, cuánto disfrute tu texto, como rata con lágrimas en los ojos
domingo, 7 de abril de 2013
Un suceso (Experiencias Fílmicas III)
Un suceso (Experiencias Fílmicas III)
Semidespierto, sin sueños, sin cavilaciones. Cansancio de bemoles e imposibilidad de descansar. No por mi apretada agenda social en vacaciones. Más bien parece que tengo de nuevo preñada la cabeza, más concretamente el hemisferio derecho, con nuevos asuntos que desconozco.
Ayer mentía al tiempo y a la caridad viendo en la noche madrileña, -de cielo algo más límpido por las lluvias recientes-, y desde un sótano en el que se cuecen propósitos y vuelan por un ventanuco, “El pianista” de Roman Polansky.
Qué de veces surgió la idea del llanto, la miseria de la verdad, la desproporcionada alevosía del ser humano y sus vicisitudes. Aquel hombre hambriento lleno de Chopin, de dedos casi descarnados, con el rostro ya sin dolores.
Ya digo, el llanto se me acercó varias veces, el corazón encogido, las manos apretadas e incluso pulsos al divino. Pero no. Gano él. Que se apiadaba de mis torpes pero alegres, humanos, gestos de empatía.
En la vida ¿hay que ser duro como se es duro en la no vida, acerado en el devenir inmenso de la no materia?. ¿De la materia sutil de los poetas, artistas y músicos?. ¿De la gravidez más extrema y la más liviana conjetura.?
¿Qué es la muerte? ¿Qué es la muerte gratuita? ¿Y una muerte bien pagada?. A fin de cuentas me percaté que qué más daba cuándo morir, cómo, ni por qué. Pero luchamos.
Parece que la vida también es dialéctica. Y, como yo soy lo más sencillo y mi usted un rato complejo, la vida se discierne también en un par de polos. Y no son estar de pie o de rodillas, en el bando de unos u otros, ni que te guste Bach o Mozart.
(Y en cambio, qué es el continuo. Cómo se rige esto. ¿Es duro el inclemente paso de Cronos? ¿Quiso acaso devorar a sus hijos? Todos sabéis que sí.
Entonces cuenta la mitología -saben que me gusta mucho- que nació el divino que pudo ponerle riendas).Con él que me cuestionaba yo ayer los crímenes de guerra, los genocidios, la dureza indómita de nuestro suceder, la guerra de mi Guernica, Paz y Amor, (la guerra que solivianto al gigante). La que nos toca a todos de las formas más diversas y escurridizas.
¿Por qué nos enseñaría el tiempo a ser tan locuaces como un látigo de siete flagelos? ¿Por qué no arrancar la carne cuando ya se está puesto a dar muerte? -esa parece ser una pregunta propia del ser humano.
Como decía. Decía “Divino, cómo ver justicia, cómo no convertirte en roca, cómo no ser intocable y a la vez la mermelada para un desnutrido. ¿Es necesaria tanta verdad? Y, ¿acaso existe por algún lado una mentira?. ¿Y la crueldad? ¿El vicio o la castidad? ¿El homicida o el carcelero? ¿Existe algo realmente con criterio propio en este nutrido universo de dimensiones?
Cada vez me estoy dando más cuenta que caigo en la cuenta de que el tiempo es lo que cuenta. Y que no cuenta a nuestro favor como humanos. Y que cada vez me acerco más al concepto del uno. Del Uno.
Y los polos se dispersan. (Tendré que comentárselo a mi psiquiatra). ¿Cómo ser en realidad un uno sin invasiones?, ¿invadimos así a todo el que nos acercamos? ¿Incluso sin motivo, sin quereres, sin noticias?. ¿Es esto psicopatía o teofísica o tener carisma?. ¿Pasa de verdad? ¿De mentira?
En fin, qué pasé un mal rato -habiéndola visto varias veces, alma candida- pero saqué algo en claro, creo que me estoy convirtiendo en un suicida en potencia, quizás en un bonzo estilo Amílcar Barca o Hércules emponzoñado. -Jajaja-. No se preocupen, son sólo palabras en soledades, y la muerte sólo un suceso.
Semidespierto, sin sueños, sin cavilaciones. Cansancio de bemoles e imposibilidad de descansar. No por mi apretada agenda social en vacaciones. Más bien parece que tengo de nuevo preñada la cabeza, más concretamente el hemisferio derecho, con nuevos asuntos que desconozco.
Ayer mentía al tiempo y a la caridad viendo en la noche madrileña, -de cielo algo más límpido por las lluvias recientes-, y desde un sótano en el que se cuecen propósitos y vuelan por un ventanuco, “El pianista” de Roman Polansky.
Qué de veces surgió la idea del llanto, la miseria de la verdad, la desproporcionada alevosía del ser humano y sus vicisitudes. Aquel hombre hambriento lleno de Chopin, de dedos casi descarnados, con el rostro ya sin dolores.
Ya digo, el llanto se me acercó varias veces, el corazón encogido, las manos apretadas e incluso pulsos al divino. Pero no. Gano él. Que se apiadaba de mis torpes pero alegres, humanos, gestos de empatía.
En la vida ¿hay que ser duro como se es duro en la no vida, acerado en el devenir inmenso de la no materia?. ¿De la materia sutil de los poetas, artistas y músicos?. ¿De la gravidez más extrema y la más liviana conjetura.?
¿Qué es la muerte? ¿Qué es la muerte gratuita? ¿Y una muerte bien pagada?. A fin de cuentas me percaté que qué más daba cuándo morir, cómo, ni por qué. Pero luchamos.
Parece que la vida también es dialéctica. Y, como yo soy lo más sencillo y mi usted un rato complejo, la vida se discierne también en un par de polos. Y no son estar de pie o de rodillas, en el bando de unos u otros, ni que te guste Bach o Mozart.
(Y en cambio, qué es el continuo. Cómo se rige esto. ¿Es duro el inclemente paso de Cronos? ¿Quiso acaso devorar a sus hijos? Todos sabéis que sí.
Entonces cuenta la mitología -saben que me gusta mucho- que nació el divino que pudo ponerle riendas).Con él que me cuestionaba yo ayer los crímenes de guerra, los genocidios, la dureza indómita de nuestro suceder, la guerra de mi Guernica, Paz y Amor, (la guerra que solivianto al gigante). La que nos toca a todos de las formas más diversas y escurridizas.
¿Por qué nos enseñaría el tiempo a ser tan locuaces como un látigo de siete flagelos? ¿Por qué no arrancar la carne cuando ya se está puesto a dar muerte? -esa parece ser una pregunta propia del ser humano.
Como decía. Decía “Divino, cómo ver justicia, cómo no convertirte en roca, cómo no ser intocable y a la vez la mermelada para un desnutrido. ¿Es necesaria tanta verdad? Y, ¿acaso existe por algún lado una mentira?. ¿Y la crueldad? ¿El vicio o la castidad? ¿El homicida o el carcelero? ¿Existe algo realmente con criterio propio en este nutrido universo de dimensiones?
Cada vez me estoy dando más cuenta que caigo en la cuenta de que el tiempo es lo que cuenta. Y que no cuenta a nuestro favor como humanos. Y que cada vez me acerco más al concepto del uno. Del Uno.
Y los polos se dispersan. (Tendré que comentárselo a mi psiquiatra). ¿Cómo ser en realidad un uno sin invasiones?, ¿invadimos así a todo el que nos acercamos? ¿Incluso sin motivo, sin quereres, sin noticias?. ¿Es esto psicopatía o teofísica o tener carisma?. ¿Pasa de verdad? ¿De mentira?
En fin, qué pasé un mal rato -habiéndola visto varias veces, alma candida- pero saqué algo en claro, creo que me estoy convirtiendo en un suicida en potencia, quizás en un bonzo estilo Amílcar Barca o Hércules emponzoñado. -Jajaja-. No se preocupen, son sólo palabras en soledades, y la muerte sólo un suceso.
martes, 2 de abril de 2013
Los Titanes, la Sirena y el marino
Tengo la voz rota de tanto caminar mi lengua los pasos tras los que te mueves. Quiero descubrir tu futuro, tu vacío y el lleno. Implementar tus ojos con el llanto de los míos, con su lenguaje, con la vasta sensibilidad de ser cuerdo y estar a tu lado.
Ni pestañeos, ni devaneos, dos miradas que se saben hasta el infinito aún cuando las décadas nos separen. Sé ser de lo que me admira. Sé leer en lo que es mío. No sé sentirte.
Pero persigo, persigo una sombra en la noche, una luz difusa en un paralelo no navegado, un espejismo en un desierto de olas saladas….y quiero mi azúcar, mi miel.
Ni más dunas de mar, ni más reptiles, ni peces voladores que vengan a mis redes.
Es tan difícil leer, es tan difícil sentir, es tan complicado inmiscuirse.
En una ocasión conocí una sirena. Estaba hecha de la espuma del mar y la injundia colérica de los volcanes submarinos. Solía navegar con su larga cola las fumarolas abisales. Y sus ojos eran como dos faros de Alejandría para los hundidos, para los perdidos y los advenedizos de profundidades.
Un día salió de la mar junto a mi barca y se puso a rezar, no sé si era un rezo, un quebranto o un canto triste de los que despiertan paz en el corazón.
Cantaba a la dicha incierta de los marineros pobres de solemnidad. Los que salimos a coger boquerones con lámparas de aceite. Su canto me podía y a punto estuve de tirarme por la borda. Pero no lo hice.
Baje con suavidad de mi barca sujetándome con mis brazos tatuados y emprendí el baño. Me acerqué a aquel ser que parecía mentir desde el infinito. Pues no podía ser real. Ni podía tanta belleza resumirse en un sola entidad.
No podía creer que tanta verdad no fueran los dioses. Pero quedaba claro que aquella era una criatura divina. De aquellas que aparecían en la Iliada y sobornaban los corazones de los héroes.
Y a un marino. A un pobre marino se le aparecía aquella dama de los Océanos.
Al acercarme ella no sintió miedo, ni siquiera se retiró un poco. Es más me hablo al oído. Allí los dos metidos en medio de la hermosa bahía.
Y dijo: “Los gigantes se encuentran con el tiempo. Como Abyla y Calpe. Y al final quedan petrificados en esa mirada”.
Y con un coletazo se impulso hacía el abismo tal y como había aparecido. Con su belleza, su tacto coralino, unas lágrimas de miel y un sonido de música que el agua atrajo hacía las profundidades.
En su voz lo comprendí. Mi paciencia de marino, mi pesca de hombre de poca fortuna, eran un sino delicioso. No debía esperar más, ni contenerme, ni elegir, sólo acabaría siendo una estatua de piedra junto a ti. Estaba escrito.
Ni pestañeos, ni devaneos, dos miradas que se saben hasta el infinito aún cuando las décadas nos separen. Sé ser de lo que me admira. Sé leer en lo que es mío. No sé sentirte.
Pero persigo, persigo una sombra en la noche, una luz difusa en un paralelo no navegado, un espejismo en un desierto de olas saladas….y quiero mi azúcar, mi miel.
Ni más dunas de mar, ni más reptiles, ni peces voladores que vengan a mis redes.
Es tan difícil leer, es tan difícil sentir, es tan complicado inmiscuirse.
En una ocasión conocí una sirena. Estaba hecha de la espuma del mar y la injundia colérica de los volcanes submarinos. Solía navegar con su larga cola las fumarolas abisales. Y sus ojos eran como dos faros de Alejandría para los hundidos, para los perdidos y los advenedizos de profundidades.
Un día salió de la mar junto a mi barca y se puso a rezar, no sé si era un rezo, un quebranto o un canto triste de los que despiertan paz en el corazón.
Cantaba a la dicha incierta de los marineros pobres de solemnidad. Los que salimos a coger boquerones con lámparas de aceite. Su canto me podía y a punto estuve de tirarme por la borda. Pero no lo hice.
Baje con suavidad de mi barca sujetándome con mis brazos tatuados y emprendí el baño. Me acerqué a aquel ser que parecía mentir desde el infinito. Pues no podía ser real. Ni podía tanta belleza resumirse en un sola entidad.
No podía creer que tanta verdad no fueran los dioses. Pero quedaba claro que aquella era una criatura divina. De aquellas que aparecían en la Iliada y sobornaban los corazones de los héroes.
Y a un marino. A un pobre marino se le aparecía aquella dama de los Océanos.
Al acercarme ella no sintió miedo, ni siquiera se retiró un poco. Es más me hablo al oído. Allí los dos metidos en medio de la hermosa bahía.
Y dijo: “Los gigantes se encuentran con el tiempo. Como Abyla y Calpe. Y al final quedan petrificados en esa mirada”.
Y con un coletazo se impulso hacía el abismo tal y como había aparecido. Con su belleza, su tacto coralino, unas lágrimas de miel y un sonido de música que el agua atrajo hacía las profundidades.
En su voz lo comprendí. Mi paciencia de marino, mi pesca de hombre de poca fortuna, eran un sino delicioso. No debía esperar más, ni contenerme, ni elegir, sólo acabaría siendo una estatua de piedra junto a ti. Estaba escrito.
De Tarsis
Muchos adioses, demasiados holas, demasiados alientos, demasiados suspiros.
Soñé un día con refugiar tus pies del inclemente temporal del norte, de los fríos de agosto y de enero, de las llamas de nitrógeno de bocas sin registro determinado.
Intenté soñar con abrir todos los caudales, cada una de las válvulas. Y dejar que un Oceano de agua dulce limpiara tus piernas del barro y la nieve.
Del color y el calor de una colada esperaba ser piedra que desviara tu camino implacable, que llevara tus gestos a una paz más allá de la música, burbujeante agua en un Oceano plagado de muertes, de acidos -mi corazón.
En los precipicios se corrompen todas las esperanzas volcánicas de no volver a verte. De tenerte cosida a una parte de mi cerebro hasta un cierto momento.
Y saber que cuando pase ese momento seguiría rindiendo a tu frío mis tropas de azufre y sal escaldada.
No tenemos más remedio que el tiempo. Y el tiempo nos unirá. Para lo que sea. Un insulto, una bofetada, una sonrisa o una caricia... O una mano que te acompañe al Oceano cuando las coladas paren de acuciar las poblaciones costeras.
Soñé un día con refugiar tus pies del inclemente temporal del norte, de los fríos de agosto y de enero, de las llamas de nitrógeno de bocas sin registro determinado.
Intenté soñar con abrir todos los caudales, cada una de las válvulas. Y dejar que un Oceano de agua dulce limpiara tus piernas del barro y la nieve.
Del color y el calor de una colada esperaba ser piedra que desviara tu camino implacable, que llevara tus gestos a una paz más allá de la música, burbujeante agua en un Oceano plagado de muertes, de acidos -mi corazón.
En los precipicios se corrompen todas las esperanzas volcánicas de no volver a verte. De tenerte cosida a una parte de mi cerebro hasta un cierto momento.
Y saber que cuando pase ese momento seguiría rindiendo a tu frío mis tropas de azufre y sal escaldada.
No tenemos más remedio que el tiempo. Y el tiempo nos unirá. Para lo que sea. Un insulto, una bofetada, una sonrisa o una caricia... O una mano que te acompañe al Oceano cuando las coladas paren de acuciar las poblaciones costeras.
jueves, 28 de marzo de 2013
Amoral
Costumbre de caldeo y soledades.
Mente extraña social y advenediza
Que sin parangón llega y profetiza
Limpieza y escarnio de maldades.
Me meto en el segundo y torcales
Vuelan y serpentean y se adrizan,
Ante halcón peregrino que agudiza
Su vista entre los viejos matorrales.
Qué sí, tercero, que no hay verdades,
Qué no, sexto, que no hay morales,
Qué no, décima, que no hay modales.
Y siguiendo le digo al somero cuarto,
se esconda entre sabanas de esparto,
Que ha tiempo destruimos la maldad.
Mente extraña social y advenediza
Que sin parangón llega y profetiza
Limpieza y escarnio de maldades.
Me meto en el segundo y torcales
Vuelan y serpentean y se adrizan,
Ante halcón peregrino que agudiza
Su vista entre los viejos matorrales.
Qué sí, tercero, que no hay verdades,
Qué no, sexto, que no hay morales,
Qué no, décima, que no hay modales.
Y siguiendo le digo al somero cuarto,
se esconda entre sabanas de esparto,
Que ha tiempo destruimos la maldad.
Al-Yazir Al-Hadra (Diarios del pirata)
Del Perú, del abrigo, de los frescos que se cuelan por tu espalda en la primavera, de agacharse a mirar flores o insectos, de recoger buenos pensamientos, flores frescas para ensalada, tomates verdes. El Sol llega a esta Andalucía andarina, muchas veces solipsista, donde todo es bello.
Las flores Perséfone.
El calor de Plutón.
Mercurina.
Yo sólo salgo de paseo en carroza y tumbado, estoy a punto de ser condenado como buen panadero romano. Pero se cuela por todos lados.
Y los pies húmedos en la playa donde se encuentran los cabos y las consecuencias. Siempre era en febrero¡¡¡ siempre en febrero¡¡¡..pero qué año más lluvioso!!!
Ya abren las flores y nos quitamos el abrigo, ya las humedades se abren paso en los retales de interior de esta Tierra….y todo se pone verde, verde, verde.
Al-Yazir Al-Hadra qué decir. Antes se supone que era muchos más verde y estaba rodeada por un gran lago, doy fe, semirodeada. No habíamos tenido a Paquito haciendo e las suyas con sus petroquímicas y refinerías. Y el Mar no se nos había dado tanto, cada vez, más distante, de un tiro de piedra un tiro de arco, de un tiro de arco a un tiro de superhombre asesino en Afganistán con el último fusil de francotirador; con anemómetro y todo.
Aún así el aire puro corroe mis nervios de interior produciendo gustillo en mis pulmones saciados de humo vegetal. Y observo la impresionante luz que poco pintor descubrió, la tenue claridad de esta atmosfera prima hermana del sol y el polvo, corrida por los vientos más que el Ferrol.
Siempre he querido tener un velero y navegar esta indómita fortuna, hacerme rico con mis redes, subir grandes pesos al barco con mi pincho de palangrero.
La Mar no recompensa a nadie, me han dicho. Es demasiado fiel a si misma, demasiado espontánea y cruel. Sólo te queda abrazarte y esperar que te de remanso, que tu sino coincida con el suyo, que le guste tu abrazo.
Hoy estaba leyendo sobre los marinos fenicios y toda esa falacia que se trascribió desde la Escuela de Toledo. Falacias sí, vaya locura decir esto¡¡¡. Mi posición es escabrosa, soy una cabra encima de un risco.
Estaba pensando en esos marinos soltando ruiseñores al viento de la niebla para saber dónde encontrar costa. Y la FELICIDAD de encontrar una.
A veces las costas son agrias, de terrenos baldíos o corroídos por el viento mareal. A veces ofrecen gran cantidad de agua fresca y fruta y animales que devorar.
Quién no querría venir a una tierra con tal fondeadero.
Las flores Perséfone.
El calor de Plutón.
Mercurina.
Yo sólo salgo de paseo en carroza y tumbado, estoy a punto de ser condenado como buen panadero romano. Pero se cuela por todos lados.
Y los pies húmedos en la playa donde se encuentran los cabos y las consecuencias. Siempre era en febrero¡¡¡ siempre en febrero¡¡¡..pero qué año más lluvioso!!!
Ya abren las flores y nos quitamos el abrigo, ya las humedades se abren paso en los retales de interior de esta Tierra….y todo se pone verde, verde, verde.
Al-Yazir Al-Hadra qué decir. Antes se supone que era muchos más verde y estaba rodeada por un gran lago, doy fe, semirodeada. No habíamos tenido a Paquito haciendo e las suyas con sus petroquímicas y refinerías. Y el Mar no se nos había dado tanto, cada vez, más distante, de un tiro de piedra un tiro de arco, de un tiro de arco a un tiro de superhombre asesino en Afganistán con el último fusil de francotirador; con anemómetro y todo.
Aún así el aire puro corroe mis nervios de interior produciendo gustillo en mis pulmones saciados de humo vegetal. Y observo la impresionante luz que poco pintor descubrió, la tenue claridad de esta atmosfera prima hermana del sol y el polvo, corrida por los vientos más que el Ferrol.
Siempre he querido tener un velero y navegar esta indómita fortuna, hacerme rico con mis redes, subir grandes pesos al barco con mi pincho de palangrero.
La Mar no recompensa a nadie, me han dicho. Es demasiado fiel a si misma, demasiado espontánea y cruel. Sólo te queda abrazarte y esperar que te de remanso, que tu sino coincida con el suyo, que le guste tu abrazo.
Hoy estaba leyendo sobre los marinos fenicios y toda esa falacia que se trascribió desde la Escuela de Toledo. Falacias sí, vaya locura decir esto¡¡¡. Mi posición es escabrosa, soy una cabra encima de un risco.
Estaba pensando en esos marinos soltando ruiseñores al viento de la niebla para saber dónde encontrar costa. Y la FELICIDAD de encontrar una.
A veces las costas son agrias, de terrenos baldíos o corroídos por el viento mareal. A veces ofrecen gran cantidad de agua fresca y fruta y animales que devorar.
Quién no querría venir a una tierra con tal fondeadero.
martes, 26 de marzo de 2013
Ficciones Gaditanas II. Orejas de Avestruz
No existen príncipes con orejas de burro ni doncellas con flamantes plumas de avestruz. “No” respondo a tu pregunta locuaz hasta la estupidez. “No” te digo entre las sombras de mis sabanas. “No, no me correré, hermosa”. “No voy a festejar hasta que se hundan tus piernas en un delirio de temblores y rumores de querer atraparme”.
Hay mujeres que no saben querer. Hay mujeres que quieren demasiado. Y las que nunca se quieren. (Los términos medios son más aburridos) Las primeras olvidaron que tiene pechos, las segundas se subliman y las terceras son dignas de “domar” a vara y látigo de lengua mordaz de cariño, de caricia inconclusa -con sigilo y suspense-, de besos en el cuello.
La rendición de la fría.
Estela era una muchacha joven, linda al extremo y con curvas de miel y copo de nieve. Estela nunca había encontrado que una polla entre sus muslos la quisiese, la amase hasta el fondo, le penetrara en nuevas formas de interior. Estaba acomodada a la simpleza de una vida que no le había dado regalos, tan regalada que estaba.
Aquella mañana estábamos tomando un café mi amigo Federico y yo. Estela llegó con unas amigas. Todas eran azafatas de los barcos que recorren el Estrecho. Las contrataban en origen, como si fueran un saco de patatas de Sanlucar. La realidad era que estas chicas del Este de Europa eran mucho más educadas, capacitadas, hablaban varias lenguas e incluso practicaban el francés, algunas, con los Capitanes -un Capitán pone mucho, me han contado.
Yo además de los carnets y permisos debo tener planta. Pero Estela pasó por mi lado y notó mi mirada de gaditano impúdico y amoral y soltó incluso un chascarrillo de “petardo” -en su idioma natal.
Allí seguíamos tomando un café, luego nos dio con la charla por pedir una copa, y hablábamos entrecortados de un minuet de Tschaikovsky, de un poema del que suscribe, unos cuadros que él había visto en Sotogrande, y de las tonterías del entrenador de moda en el futbol mundial.
Con las bromas y las distracciones Federico acabó poniéndose a un piano de segunda con buena reverberancia que había en el garito, sobre el que había un gato de escayola negro y un jarrón de los 60 con un ramo de margaritas. Y Lírica, que así se llamaba la amiga pelirroja de Estela -luego nos enteramos- no paraba de sonreír a Federico. Parecía verlo hermosísimo, que se acerco al piano cuando intentaba chapurrear malamente algo de Chuck Berry.
Yo pensé que lo mismo el gato maullaba y me puse a canturrear en sueco de la bahía mientras miraba distraído hacia la camarera. Pero de la forma más inopinada Lírica se nos dirigió (no había Capitán ni mejor Dandy por supuesto) e invitó a Federico a tocar algo de Chopin. Y un poco después estábamos todos a una mesa intentando comunicarnos en perfecto español -con el que se habla a Dios, como decían en el XVI.
Lírica y Basi eran dos chicas más sueltas, Estela en cambio miraba como con un cierto rencor, con algo de rabia a la vez que el deseo incontenible de sus hormonas, hubiera sido una bacante perfecta lista para cortar cabezas. Para bailar tintineando al placer del dios y mancharse de sangre sus quereres.
Llevaba un vestido con flores moradas, grandes, sobre un blanco terso que rivalizaba con su piel de oro blanco…pero no entraba en la conversación…. Era notorio que tenía mucho que decir pero la atenazaban mil resquemores…(deben ser malos recuerdos, malos encuentros, demasiadas decepciones, malas percepciones, tactos sin tacto, soledades....) Cada vez más distendidos con Lírica y Basi, que afirmaban haber aprendido castellano en unos 6 meses, yo seguía poniéndome barreras.
Y esos ojos grises fugitivos, ese gesto felino de ataque….no dejaba de mirar a Estela. Quizás que me hubiera puesto de petardo me daba un escalón más. Había donde escalar. Siempre gusté de los altos muros y de trepar a balcones sin atender a mi estrabismo ni mi vértigo. No se trataba de cazar, más bien se trataba de enseñar, de que esa potencia no chocará más con las paredes de su mínimo imperio de sensaciones, de ver la flor de abrirse. Lo juro, toda mi vida he querido ser jardinero.
Ellas bebían vodka a chupitos, nosotros vodka con zumo de naranja y el dinero iba acabándose. Pero aquello no hacía más que animarse. Basi intentaba cantar flamenco acompañada al piano por Federico. Lírica se había puesto a recitar subida en una silla con una corona de cartón no sé que himno del régimen comunista. Yo bebía intentando perderme en los ojos grises.
Ya que todo era bastante distendido, y de vuelta de la barra, me acerqué a ella, que estaba sentada y la cara de petarda la tenía ahora ella. De vez en cuando soltaba alguna risilla viendo cómo se estaba poniendo el asunto. Con cierto temor, con ciertas dudas, con peligros, cuando el peligro era ella.
Me subyuga la grandeza contenida, la grandeza que asusta al sujeto mismo, cuántos no se han desarrollado por este motivo son cientos de miles, millones.
Con mucha delicadeza, y sin pensar en absoluto en arrancarle las bragas, intenté hablar más en tranquilidad con ella. Y yo soy muy simpático, por suerte o desgracia, y en cinco minutos ya íbamos haciendo unos pinitos importantes en el idioma de los dioses.
Ella llevaba aquí cinco meses y yo tuve cinco horas de caricias que querían ser las primeras para ella y para mí.
Hay mujeres que no saben querer. Hay mujeres que quieren demasiado. Y las que nunca se quieren. (Los términos medios son más aburridos) Las primeras olvidaron que tiene pechos, las segundas se subliman y las terceras son dignas de “domar” a vara y látigo de lengua mordaz de cariño, de caricia inconclusa -con sigilo y suspense-, de besos en el cuello.
La rendición de la fría.
Estela era una muchacha joven, linda al extremo y con curvas de miel y copo de nieve. Estela nunca había encontrado que una polla entre sus muslos la quisiese, la amase hasta el fondo, le penetrara en nuevas formas de interior. Estaba acomodada a la simpleza de una vida que no le había dado regalos, tan regalada que estaba.
Aquella mañana estábamos tomando un café mi amigo Federico y yo. Estela llegó con unas amigas. Todas eran azafatas de los barcos que recorren el Estrecho. Las contrataban en origen, como si fueran un saco de patatas de Sanlucar. La realidad era que estas chicas del Este de Europa eran mucho más educadas, capacitadas, hablaban varias lenguas e incluso practicaban el francés, algunas, con los Capitanes -un Capitán pone mucho, me han contado.
Yo además de los carnets y permisos debo tener planta. Pero Estela pasó por mi lado y notó mi mirada de gaditano impúdico y amoral y soltó incluso un chascarrillo de “petardo” -en su idioma natal.
Allí seguíamos tomando un café, luego nos dio con la charla por pedir una copa, y hablábamos entrecortados de un minuet de Tschaikovsky, de un poema del que suscribe, unos cuadros que él había visto en Sotogrande, y de las tonterías del entrenador de moda en el futbol mundial.
Con las bromas y las distracciones Federico acabó poniéndose a un piano de segunda con buena reverberancia que había en el garito, sobre el que había un gato de escayola negro y un jarrón de los 60 con un ramo de margaritas. Y Lírica, que así se llamaba la amiga pelirroja de Estela -luego nos enteramos- no paraba de sonreír a Federico. Parecía verlo hermosísimo, que se acerco al piano cuando intentaba chapurrear malamente algo de Chuck Berry.
Yo pensé que lo mismo el gato maullaba y me puse a canturrear en sueco de la bahía mientras miraba distraído hacia la camarera. Pero de la forma más inopinada Lírica se nos dirigió (no había Capitán ni mejor Dandy por supuesto) e invitó a Federico a tocar algo de Chopin. Y un poco después estábamos todos a una mesa intentando comunicarnos en perfecto español -con el que se habla a Dios, como decían en el XVI.
Lírica y Basi eran dos chicas más sueltas, Estela en cambio miraba como con un cierto rencor, con algo de rabia a la vez que el deseo incontenible de sus hormonas, hubiera sido una bacante perfecta lista para cortar cabezas. Para bailar tintineando al placer del dios y mancharse de sangre sus quereres.
Llevaba un vestido con flores moradas, grandes, sobre un blanco terso que rivalizaba con su piel de oro blanco…pero no entraba en la conversación…. Era notorio que tenía mucho que decir pero la atenazaban mil resquemores…(deben ser malos recuerdos, malos encuentros, demasiadas decepciones, malas percepciones, tactos sin tacto, soledades....) Cada vez más distendidos con Lírica y Basi, que afirmaban haber aprendido castellano en unos 6 meses, yo seguía poniéndome barreras.
Y esos ojos grises fugitivos, ese gesto felino de ataque….no dejaba de mirar a Estela. Quizás que me hubiera puesto de petardo me daba un escalón más. Había donde escalar. Siempre gusté de los altos muros y de trepar a balcones sin atender a mi estrabismo ni mi vértigo. No se trataba de cazar, más bien se trataba de enseñar, de que esa potencia no chocará más con las paredes de su mínimo imperio de sensaciones, de ver la flor de abrirse. Lo juro, toda mi vida he querido ser jardinero.
Ellas bebían vodka a chupitos, nosotros vodka con zumo de naranja y el dinero iba acabándose. Pero aquello no hacía más que animarse. Basi intentaba cantar flamenco acompañada al piano por Federico. Lírica se había puesto a recitar subida en una silla con una corona de cartón no sé que himno del régimen comunista. Yo bebía intentando perderme en los ojos grises.
Ya que todo era bastante distendido, y de vuelta de la barra, me acerqué a ella, que estaba sentada y la cara de petarda la tenía ahora ella. De vez en cuando soltaba alguna risilla viendo cómo se estaba poniendo el asunto. Con cierto temor, con ciertas dudas, con peligros, cuando el peligro era ella.
Me subyuga la grandeza contenida, la grandeza que asusta al sujeto mismo, cuántos no se han desarrollado por este motivo son cientos de miles, millones.
Con mucha delicadeza, y sin pensar en absoluto en arrancarle las bragas, intenté hablar más en tranquilidad con ella. Y yo soy muy simpático, por suerte o desgracia, y en cinco minutos ya íbamos haciendo unos pinitos importantes en el idioma de los dioses.
Ella llevaba aquí cinco meses y yo tuve cinco horas de caricias que querían ser las primeras para ella y para mí.
lunes, 18 de marzo de 2013
Causas primeras. Horizontes peligrosos
Pero qué escribir cuando no mueven las pestañas en el aire las somnolencias del autor. Pero qué escribir cuando los calores y las aguas son remolinos y corrientes. Pero qué escribir al papel cuando no lo han besado ni cuatrigésimas partes de inquietud, ni vientos ni compases, ni aquí ni allí, ni torpe ni lúcido.
Creo que voy a dejar de follar. O de follarme el ombligo del Océano. Creo que el sexo vale para no pensar cuando no se piensa. Creo que el inmenso vacío de mis sobornadas rimas no se llena con corridas a la borda, con sangre en los anzuelos, con vísceras en la bodega, ni con cartón. No se llena con jadeos ni gritos, ni paren caricias las caricias muchas veces.
Sigo pensando en el paso a la octava maravilla de los contornos oceánicos. Pero mi barco sigue con la vela rota, los remos partidos y la brújula loca de un pirata travieso. Y sigo surcando la mar directo al continente esquivo de mis sueños. Controlando con pureza la sobredosis de estímulos sin interés.
Vadeando tempestades y en busca de aguas calmas me acerco de nuevo a los precipicios cuando el cielo no arrecia. Voy mirando las cumbres que se esconden entre los retales de nubes de algodón extruido.
Y la recalma me acerca a las piedras, pero también a estuarios. Y aprovecho para echar la caña.
Algún día besará el campano mi sedal con engaños. Algún día tendré, sin solidaridad, un pez, que sea pescado, y que no me de pena matar con mi estilete de gracia. Hace muchos años que no lo hago con tacto. Y cada día parece que me apetece más buscar ese pez primero, ese exótico niño de aguas a dentro. O eso, o, como siempre, seguiré comiendo lo que la marea traiga a este barco marinero y con causas. Las causas primeras no tienen porque joder las últimas consecuencias.
Pero, ¿y lo versos al océano?¿y el cosido de las redes día a día?. No cansa la vida, la Mar no cansa, cansa la sencilla historia de ultramar: Me dirás lo mismo, lo mismo te diré, y de seguro que, en ese nuevo puerto, tampoco llegamos a nada.
Creo que voy a dejar de follar. O de follarme el ombligo del Océano. Creo que el sexo vale para no pensar cuando no se piensa. Creo que el inmenso vacío de mis sobornadas rimas no se llena con corridas a la borda, con sangre en los anzuelos, con vísceras en la bodega, ni con cartón. No se llena con jadeos ni gritos, ni paren caricias las caricias muchas veces.
Sigo pensando en el paso a la octava maravilla de los contornos oceánicos. Pero mi barco sigue con la vela rota, los remos partidos y la brújula loca de un pirata travieso. Y sigo surcando la mar directo al continente esquivo de mis sueños. Controlando con pureza la sobredosis de estímulos sin interés.
Vadeando tempestades y en busca de aguas calmas me acerco de nuevo a los precipicios cuando el cielo no arrecia. Voy mirando las cumbres que se esconden entre los retales de nubes de algodón extruido.
Y la recalma me acerca a las piedras, pero también a estuarios. Y aprovecho para echar la caña.
Algún día besará el campano mi sedal con engaños. Algún día tendré, sin solidaridad, un pez, que sea pescado, y que no me de pena matar con mi estilete de gracia. Hace muchos años que no lo hago con tacto. Y cada día parece que me apetece más buscar ese pez primero, ese exótico niño de aguas a dentro. O eso, o, como siempre, seguiré comiendo lo que la marea traiga a este barco marinero y con causas. Las causas primeras no tienen porque joder las últimas consecuencias.
Pero, ¿y lo versos al océano?¿y el cosido de las redes día a día?. No cansa la vida, la Mar no cansa, cansa la sencilla historia de ultramar: Me dirás lo mismo, lo mismo te diré, y de seguro que, en ese nuevo puerto, tampoco llegamos a nada.
domingo, 10 de marzo de 2013
Hurt
Herido, hundido, masacrado, mi risa sigue oyéndose al otro lado del río. Hace unos días apagué todas mis teas para concentrarme y sufrir.
Para enseñar de nuevo los pájaros a volar y los peces a beber. En un recodo de mi camino encontré una ramo de flores vivas, las llevé a casa y les dí mimos...pero flor cortada es flor mustia -todos vivimos de nuestra tierra, como las plantas-, con necesidad de expirar.
En aquel momento en que sus pétalos comenzaron a levantarse por el acido acetilsalicílico -corazón de sauce en aguas frías- note que su clamor, su tiro de arco, se ensuciaba con blancos discontinuos.
No quedaba nada de su esencia. Ya no bebía de sus manantiales, no le corría la brisa por el interior del invernadero y le faltaban la multitud de manos y voces.
Decidí dejarlas en el alfeizar, que secaran. Qué convirtieran sus átomos en pequeñas partículas de papel usado.
No se engaña al tiempo cercenando vidas que aromatizan, ni siendo dueño de bellezas perecederas. No se alcanza el cielo sin sustrato. Ni la verdad sin mentiras.
Deberían las flores nacer en mis macetas pero tal cantidad de cenizas ha sobre nutrido la tierra hasta hacerla ácida y corrosiva.
Aún así los rosales de mi terraza comienzan a dar flores que no cortaré si no es para regalar y comenzar el proceso.
http://www.youtube.com/watch?v=byOPFsENOO4
Para enseñar de nuevo los pájaros a volar y los peces a beber. En un recodo de mi camino encontré una ramo de flores vivas, las llevé a casa y les dí mimos...pero flor cortada es flor mustia -todos vivimos de nuestra tierra, como las plantas-, con necesidad de expirar.
En aquel momento en que sus pétalos comenzaron a levantarse por el acido acetilsalicílico -corazón de sauce en aguas frías- note que su clamor, su tiro de arco, se ensuciaba con blancos discontinuos.
No quedaba nada de su esencia. Ya no bebía de sus manantiales, no le corría la brisa por el interior del invernadero y le faltaban la multitud de manos y voces.
Decidí dejarlas en el alfeizar, que secaran. Qué convirtieran sus átomos en pequeñas partículas de papel usado.
No se engaña al tiempo cercenando vidas que aromatizan, ni siendo dueño de bellezas perecederas. No se alcanza el cielo sin sustrato. Ni la verdad sin mentiras.
Deberían las flores nacer en mis macetas pero tal cantidad de cenizas ha sobre nutrido la tierra hasta hacerla ácida y corrosiva.
Aún así los rosales de mi terraza comienzan a dar flores que no cortaré si no es para regalar y comenzar el proceso.
http://www.youtube.com/watch?v=byOPFsENOO4
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